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El amor de dos cabezas:
La de mirar a tus ojos
y perpetrar en tus latidos.
La de tirarse al césped
y mirar las estrellas.
El rocío comienza a agitarse,
reproduzco el momento,
viene cada recuerdo
y el reencuentro.
Y a rodar colina abajo
en ese abrazo eterno
y a saltar de primeros pisos
cayendo de nuevo
al piso de las remembranzas.
El amor de dos cabezas.
Saber que todavía creo
en un romance más que roto.
Que al amanecer despiertan las ilusiones
y los ojos buscan en el cielo
un párpado de acuarelado paisaje.
El amor de dos cabezas;
que a la mañana exprimen naranjas
y que a la noche exprimen corazones.
La patria es carne y cuerpo,
el hueso el mineral de sustento,
los reyes de estos nuevos continentes
son la lascivia y un rasguño en la espalda.
El amor de dos cabezas:
Una para la pausa y el silencio.
Otra para reventar Coltrane al tímpano.
Subirse al tren y aferrar los pies a la vía
que la velocidad nos cercene
para llover el uno sobre el otro.
Empañar tus hilos blancos de piel
con caricias pesadas
y cegarme con tu aroma a cuerpo excitado.
El amor de dos cabezas:
La tuya.
La mía.
El amor de dos cabezas:
La de mirar a tus ojos
y perpetrar en tus latidos.
La de tirarse al césped
y mirar las estrellas.
El rocío comienza a agitarse,
reproduzco el momento,
viene cada recuerdo
y el reencuentro.
Y a rodar colina abajo
en ese abrazo eterno
y a saltar de primeros pisos
cayendo de nuevo
al piso de las remembranzas.
El amor de dos cabezas.
Saber que todavía creo
en un romance más que roto.
Que al amanecer despiertan las ilusiones
y los ojos buscan en el cielo
un párpado de acuarelado paisaje.
El amor de dos cabezas;
que a la mañana exprimen naranjas
y que a la noche exprimen corazones.
La patria es carne y cuerpo,
el hueso el mineral de sustento,
los reyes de estos nuevos continentes
son la lascivia y un rasguño en la espalda.
El amor de dos cabezas:
Una para la pausa y el silencio.
Otra para reventar Coltrane al tímpano.
Subirse al tren y aferrar los pies a la vía
que la velocidad nos cercene
para llover el uno sobre el otro.
Empañar tus hilos blancos de piel
con caricias pesadas
y cegarme con tu aroma a cuerpo excitado.
El amor de dos cabezas:
La tuya.
La mía.
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