Luis Jaramillo
Poeta recién llegado
Su mirada siempre fija,
Clara, Serena,
acompañó el recorrer
de mis ojos por las letras,
mientras temblaba mi alma
con el roce de sus manos
que me guiaban por libros,
por mares, por planetas.
Nunca dije que en mi pecho
florecían mil jardines
que eran músicas sutiles
sus palabras,
sus risas,
su poesía,
eran tiempos de delirio,
de pasión,
de fantasía,
y en mis sueños más profundos
creía que era mía.
Ana, era su nombre
dulzura su filosofía,
dibujaba el infinito
en pizarrones de colores,
su sonrisa recorría mis sentidos,
mis vacíos,
bosquejando mis suspiros
con su figura de mar,
de cielo,
de abrigo...
llevo siempre su ternura,
su paz y su alegría,
seguirá siempre conmigo
bella Ana
profesora mía.
Clara, Serena,
acompañó el recorrer
de mis ojos por las letras,
mientras temblaba mi alma
con el roce de sus manos
que me guiaban por libros,
por mares, por planetas.
Nunca dije que en mi pecho
florecían mil jardines
que eran músicas sutiles
sus palabras,
sus risas,
su poesía,
eran tiempos de delirio,
de pasión,
de fantasía,
y en mis sueños más profundos
creía que era mía.
Ana, era su nombre
dulzura su filosofía,
dibujaba el infinito
en pizarrones de colores,
su sonrisa recorría mis sentidos,
mis vacíos,
bosquejando mis suspiros
con su figura de mar,
de cielo,
de abrigo...
llevo siempre su ternura,
su paz y su alegría,
seguirá siempre conmigo
bella Ana
profesora mía.