danie
solo un pensamiento...
Mis subyugados anhelos y sus sueños pernoctan en el aciago
y a la vez sugestivo manto denso de la noche
y en la alegórica balada de una doncella,
que baila con los pies flotando en el aire
y su vestido de gala besando los luceros del firmamento;
baila con un paso que está envuelto
en conchas, cigarras y flores de los templos
de una atlántica figura oceánica,
embalsamada por los frutos maduros y melifluos;
danza con el céfiro de un aura
que sacude los periodos del plenilunio
y con el trazo de la fiebre sobre la litera,
un velado eco de la sombra
que cae como un lienzo en lo perenne de un horizonte
un velado eco de la sombra
que cae como un lienzo en lo perenne de un horizonte
y su clonación de las lejanías agónicas,
con un paso ceniciento del tiempo que descansa
con el insomnio que mana sus besos.
A veces danza vestida de negro
con lienzos de dominio que hieren mi arrojo,
con una afluencia de sal,
con un ejército seductor de amazonas y valquirias
que conquistan los bosque espesos del cuerpo
dejando su salitre en los inmolados cíclopes recios de un recuerdo
Muchas veces tiene un brío primario y solemne designio:
el de entrar en lo prendado de mis sueños
con su néctar sin rímel que infecta
mi alimento con semillas ominosas que se propagan tenazmente.
Reconozco a menudo sus guerreras
y sus trebejos corroídos por la caliza de sus párpados;
con su néctar sin rímel que infecta
mi alimento con semillas ominosas que se propagan tenazmente.
Reconozco a menudo sus guerreras
y sus trebejos corroídos por la caliza de sus párpados;
observo su postura que tergiversa y desciende con poderío
hasta el meollo hemisférico del factor transgénico.
Y ahí es cuando se vuelve latifundista de las planicies abruptas
con sus personajes gélidos, libídines y adversos;
dueña de la danza de media noche
que agrieta mi piel con su acerbo etéreo
y oigo en lo íntimo trepidar sus armas y aparejos.