Hector Alberto Villarruel
Poeta que considera el portal su segunda casa
AMOR DE MI VIDA
Sujétate a mi aliento y ámame hasta la noche,
el día viene con la aurora y mi corazón latiendo amor,
para mojarte el vientre con espuma de ese mar,
que amamanta tus espigas y tus sueños cada día.
Te necesito al lado mío, en cada instante de mi vida,
junto al sol del mediodía y cuando me baño sobre tu piel tersa.
He marcado un camino sin pretextos, ni distancias,
tus labios rojos y tu rostro angelical, son mi mejor señal
y así poder saber que cada pétalo de miel, que dejas al besarme,
es rocío de tu alma, transformado en ternura y seducción de amor.
Soy feliz al entrar por la luz interna de tus pupilas,
a las que envidia el mar en cada estruendo, frente a las rocas,
y sus olas se duermen en tus senos necesarios para mi karma,
donde navega suavemente mi barcaza de labios y dedos.
Este es nuestro amor inquebrantable, ya lo sabes, pero necesito
--decirtelo--,
amor, querido amor, te quiero demasiado,
y deseo que penetre en cada célula de tu cuerpo, impregnandote.
Dulce amor, dame tu mano, pasarán las horas, los días, el infinito,
y te seguiré amando, porque eres mía, desde donde este y te mire
te seguiré amando, más, mucho más de lo que puedas soñar e imaginarte.
Hector Alberto Villarruel.
Sujétate a mi aliento y ámame hasta la noche,
el día viene con la aurora y mi corazón latiendo amor,
para mojarte el vientre con espuma de ese mar,
que amamanta tus espigas y tus sueños cada día.
Te necesito al lado mío, en cada instante de mi vida,
junto al sol del mediodía y cuando me baño sobre tu piel tersa.
He marcado un camino sin pretextos, ni distancias,
tus labios rojos y tu rostro angelical, son mi mejor señal
y así poder saber que cada pétalo de miel, que dejas al besarme,
es rocío de tu alma, transformado en ternura y seducción de amor.
Soy feliz al entrar por la luz interna de tus pupilas,
a las que envidia el mar en cada estruendo, frente a las rocas,
y sus olas se duermen en tus senos necesarios para mi karma,
donde navega suavemente mi barcaza de labios y dedos.
Este es nuestro amor inquebrantable, ya lo sabes, pero necesito
--decirtelo--,
amor, querido amor, te quiero demasiado,
y deseo que penetre en cada célula de tu cuerpo, impregnandote.
Dulce amor, dame tu mano, pasarán las horas, los días, el infinito,
y te seguiré amando, porque eres mía, desde donde este y te mire
te seguiré amando, más, mucho más de lo que puedas soñar e imaginarte.
Hector Alberto Villarruel.
