Luzibell Ferreyra
Poeta recién llegado
No soñé que llegarías
y de pronto ya estabas aquí,
con el verde mar en tus ojos,
verde mar para vivir ahí.
Con un claro de luna
tatuado en la piel,
con la sedición de tus cabellos
que incitan a la revuelta con los míos,
Con tus manos grandes de ciego
y tus pies marginados,
con la bella nadadora 1 de tu boca
-pez de agua dulce que se
ahoga en mi boca salada-.
1) Huidobro, Vicente. “Prefacio” en Altazor
Llegaste a la noche de mi corazón
-mariposa carnívora-
Cual luciérnaga suspiro
en medio del silencio y la oscuridad.
La Mariposa incendio sus alas con tu fuego…
ahora se siente ave fénix –se ha vuelto loca-
ahora cree en la inmortalidad de las estrellas
e incluso, duda del final de sus propios días
¿Coincidir? Tú y yo
-criaturas salvajes en esta selva
infestada de probabilidad y azar-
No
¿Casualidad?
No.
Magia.
No me dejes despertar de este hermoso sueño
Llámame
Deséame
Suéñame
Como los pescadores sueñan el mar
aún sobre tierra firme.
¡Fue tan poco tiempo y tanto lo que me diste!
Para variar, tengo miedo,
miedo de no verme perdida mirándote,
perdida en tu mirada de cazador al acecho.
Te fuiste porque tienes el sello del viajero,
esa mirada de velero legítimo y ancestral.
El verde para vivir ahí
¿Por qué verde mar o verde bosque?
Porque cuando me sonríes con tus ojos
se juntan el cielo y la tierra.
Tú como todo un dios griego
–terrible y pasional-
no puedes sentir el espasmo invisible
que causas en mi interior…
sólo me ves como buscando algo que yo no sé si tengo
Tú: las causas (las tormentas)
En mi: el efecto (las tormentas)
Siete Días estuve contigo.
En siete días Dios creo el universo
¿Otra vez casualidad?
El primer día, buscamos la palabra adecuada,
la caricia discreta del lenguaje del deseo.
El segundo día, nos lanzamos boca a boca
a descifrar los secretos de los extraños relieves de la piel,
poro a poro.
El tercer día, cometimos un crimen con la arrogancia
que otorga la decisión definitiva,
acribillamos nuestras soledades,
fue una masacre que nadie lloró
y sólo paso a los compendios de nuestra historia personal.
El cuarto día, creamos la sonrisa perfecta,
la que nace de mi ombligo,
escala por tus costillas para cosquillear
entre tu pecho y mi corazón.
El quinto día, se anunciaba el final de esta aventura.
Quise congelar el tiempo,
pero no pude ni siquiera encontrarlo.
Quise conservar tu aroma,
tu luz toda la vida.
El sexto día, decidí olvidarme del final hasta que llegara.
Y amarte, respirarte y llenarme de ti hasta desaparecerme yo.
Y tú, complaciste mi deseo,
no dejarme sola,
no dejarme ser yo por unas horas
sólo ser yo contigo y tú en mí,
atados en un sólo propósito.
El séptimo y último día, dejando atrás la piel mudada
emprendimos cada uno el viaje
del resto de nuestras vidas,
vistiendo cada cual nuevas miradas
en pos de otros amores