Idilio
Poeta recién llegado
Absorto estoy del canto sublime de un violín,
el fondo lúgubre se impregna en las paredes
bañando con su fiel melancolía
el cuerpo estático y nevado de lagrimas
de quien fue mi todo, ahora nada.
Nunca quise lastimarte te lo suspiro al oído
cuando te veo tendida y pálida
extraída de este mundo,
te lo digo cuando observo tus manos de noviembre
sobre el calido sonido de la habitación.
Somos solo partículas de un amor suicida
dibujados en el suelo nocturno
donde nuestras siluetas unidas
se revelan al mas leve encuentro de ellas con el plenilunio.
Me quedaré contigo una vez mas,
hablaremos de nuestros temores en la soledad,
nos besaremos como cómplices de un juego efímero,
después te vestiré de noche y te diré hasta pronto...
No sé que me llevo a amarte de esa manera;
amarte con celo, amarte con muerte
no sé lo que causo un huracán de fuego en mi mente
que se expandió hasta el mas lejano escrupulo de mi ser.
Pero no pude contener el jubilo
y con el alma sin mesura
te tomé entre mis brazos
y nos convertimos en pasión liquida
que goteaba por un lado de las sabanas
manchando de sangre el cielo inmaculado.
Devoré cada uno de tus pasos con demencia en los ojos
ansiaba que el futuro jamás nos alcanzara
para así poder escribir en tu vientre por muchos soles más.
Dormida, parecías dormida
después de fabricar con tu voz un gemido extinto
que perduró en mi memoria por años
y que aun escucho en susurros que compone el aura.
Ahora te observo desde la copa del subsuelo
con los mismos ojos mojados que te despidieron aquel día,
con el mismo sentimiento mezclado
que corrompe los sentidos.
Me despido de ti sabiendo que soy yo el autor de tu partida,
que fui yo quien te amo tanto que terminé por evaporarte
de este mundo con mis propias manos.
Con un sabor a culpa me aparto desolado,
infame, destruido estoy.
La sombra del recuerdo se hace presente
cada noche que como hoy escribo y confieso
la causa que me llevó a matarte.
A cada hora a cada instante
veo en mi mente la imagen
de un par de brasas
tiritantes, distantes y ausentes
que aunque unidas
jamás volverán a verse.
el fondo lúgubre se impregna en las paredes
bañando con su fiel melancolía
el cuerpo estático y nevado de lagrimas
de quien fue mi todo, ahora nada.
Nunca quise lastimarte te lo suspiro al oído
cuando te veo tendida y pálida
extraída de este mundo,
te lo digo cuando observo tus manos de noviembre
sobre el calido sonido de la habitación.
Somos solo partículas de un amor suicida
dibujados en el suelo nocturno
donde nuestras siluetas unidas
se revelan al mas leve encuentro de ellas con el plenilunio.
Me quedaré contigo una vez mas,
hablaremos de nuestros temores en la soledad,
nos besaremos como cómplices de un juego efímero,
después te vestiré de noche y te diré hasta pronto...
No sé que me llevo a amarte de esa manera;
amarte con celo, amarte con muerte
no sé lo que causo un huracán de fuego en mi mente
que se expandió hasta el mas lejano escrupulo de mi ser.
Pero no pude contener el jubilo
y con el alma sin mesura
te tomé entre mis brazos
y nos convertimos en pasión liquida
que goteaba por un lado de las sabanas
manchando de sangre el cielo inmaculado.
Devoré cada uno de tus pasos con demencia en los ojos
ansiaba que el futuro jamás nos alcanzara
para así poder escribir en tu vientre por muchos soles más.
Dormida, parecías dormida
después de fabricar con tu voz un gemido extinto
que perduró en mi memoria por años
y que aun escucho en susurros que compone el aura.
Ahora te observo desde la copa del subsuelo
con los mismos ojos mojados que te despidieron aquel día,
con el mismo sentimiento mezclado
que corrompe los sentidos.
Me despido de ti sabiendo que soy yo el autor de tu partida,
que fui yo quien te amo tanto que terminé por evaporarte
de este mundo con mis propias manos.
Con un sabor a culpa me aparto desolado,
infame, destruido estoy.
La sombra del recuerdo se hace presente
cada noche que como hoy escribo y confieso
la causa que me llevó a matarte.
A cada hora a cada instante
veo en mi mente la imagen
de un par de brasas
tiritantes, distantes y ausentes
que aunque unidas
jamás volverán a verse.