Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
I. Germen
Nació el amor en la grieta de un suspiro,
leve, ingrávido, perfumado de alba.
Fue un roce de luz en el vértice del abismo,
un temblor apenas esbozado en la orilla del alma.
Latía en su cuna de sombras, con miedo de existir.
II. Fulgor
Entonces el amor estalló en carne y relámpago.
Su furia incendió la piel y el eco de los nombres,
se hizo torrente, hambre, delirio insomne,
beso que funde las fronteras del tiempo.
Todo era fiebre, todo era vértigo,
y la noche giraba en el pulso de su danza.
III. Ruina
El amor también se muerde, se rompe, se quiebra.
Es un cristal que la ausencia astilla en la memoria,
una caricia que se disuelve en el tacto de nadie,
un murmullo seco entre labios cerrados. Silencio. Frío. Olvido.
IV. Espejismo
Pero el amor nunca muere del todo.
Resurge en la grieta de un nuevo suspiro, leve, ingrávido, perfumado de alba.
Nació el amor en la grieta de un suspiro,
leve, ingrávido, perfumado de alba.
Fue un roce de luz en el vértice del abismo,
un temblor apenas esbozado en la orilla del alma.
Latía en su cuna de sombras, con miedo de existir.
II. Fulgor
Entonces el amor estalló en carne y relámpago.
Su furia incendió la piel y el eco de los nombres,
se hizo torrente, hambre, delirio insomne,
beso que funde las fronteras del tiempo.
Todo era fiebre, todo era vértigo,
y la noche giraba en el pulso de su danza.
III. Ruina
El amor también se muerde, se rompe, se quiebra.
Es un cristal que la ausencia astilla en la memoria,
una caricia que se disuelve en el tacto de nadie,
un murmullo seco entre labios cerrados. Silencio. Frío. Olvido.
IV. Espejismo
Pero el amor nunca muere del todo.
Resurge en la grieta de un nuevo suspiro, leve, ingrávido, perfumado de alba.