debiloto
Poeta adicto al portal
Un lejano recuerdo,
se hace vivo, un árbol su sombra,
cobijo mis sueños de amor y de deseos,
una campiña verde y perfumada fue testigo.
En cada atardecer,
mire tus ojos, acaricie tus labios,
el impulso de tu cuerpo en la pradera,
el sonido de tus besos fue la música serena.
La pradera me miraba,
algún sonido previno de miradas,
los grillos, me recordaban el calor del mañana,
el amor se extendió en el tiempo hasta una plateada luz.
La noche se fundió,
un manto sobre cuerpos, desnudos,
estrellas que miraban en el firmamento,
y un amor incontenible se abatió con furia.
El campo como mudo testigo,
nos brindó la naturaleza con sus ruidos,
a lo lejos brillaban las estrellas la luna se posaba,
en los finos brazos de mi amada, en su pecho y en el mio.
Fuimos amor salvaje,
hasta que la sal de los cuerpos,
humedecieron las pasiones y el éxtasis,
recordar los nombres que el tiempo se llevó.
Hablar del mañana,
seria perder el momento,
tal vez habrá un mañana, o tal vez no,
la pradera quedara también el árbol y sus hojas,
y un amor desesperado, la lujuria de dos que sean amado.
JUAN CARLOS VILLANUEVA
se hace vivo, un árbol su sombra,
cobijo mis sueños de amor y de deseos,
una campiña verde y perfumada fue testigo.
En cada atardecer,
mire tus ojos, acaricie tus labios,
el impulso de tu cuerpo en la pradera,
el sonido de tus besos fue la música serena.
La pradera me miraba,
algún sonido previno de miradas,
los grillos, me recordaban el calor del mañana,
el amor se extendió en el tiempo hasta una plateada luz.
La noche se fundió,
un manto sobre cuerpos, desnudos,
estrellas que miraban en el firmamento,
y un amor incontenible se abatió con furia.
El campo como mudo testigo,
nos brindó la naturaleza con sus ruidos,
a lo lejos brillaban las estrellas la luna se posaba,
en los finos brazos de mi amada, en su pecho y en el mio.
Fuimos amor salvaje,
hasta que la sal de los cuerpos,
humedecieron las pasiones y el éxtasis,
recordar los nombres que el tiempo se llevó.
Hablar del mañana,
seria perder el momento,
tal vez habrá un mañana, o tal vez no,
la pradera quedara también el árbol y sus hojas,
y un amor desesperado, la lujuria de dos que sean amado.
JUAN CARLOS VILLANUEVA