Chrix
Poeta que considera el portal su segunda casa
La noche azorada
ahonda un noctígavo pestañeo
en el arrebol crepuscular.
Cae el párpado de la tarde,
sobre la calígine embebida
en morapio,
uvas de cinabrios se destiñen
en distancia
y el bermellón del horizonte,
contornea árboles hermanados
en la armónica lobreguez.
Y ahí parado, con los ojos
anegado por pigmentos del atardecer ,
siento la voz silente de los árboles,
el latido de sus círculos,
el temblor de sus nidos.
Nada desfallece,
todo,
es un comienzo a un paso de apagar
su lava sobre el fuego de una vela,
en el suspenso del primer
vagido nocturno .
Aún así, me pregunto,
cuál des estos paisajes soy en ti,
manto melancólico salpicado
de estrellas,
luna disputada por la luz en
la inmensidad,
esperando tu presencia para el avistaje.
Sombra entre sombras soñando
arcoíris
con alas de hojas en la lengua
del viento.
No sé qué parte de ti trato
de alcanzar a lo lejos,
la inmensidad de lo pequeño,
la miel de lo afable,
la fémina florecida en mis sueños
espigando su bálsamo de primavera
a mi encuentro.
No sé si la noche me ha subido sus musgos,
hasta ocultarme,
o dejó que sus hiedras me recorran
por dentro,
lo cierto es que el atardecer
se encarnó en mi mirada,
haciendo un ángelus en tu nombre,
encriptando mi ser
con recuerdos.
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