Nommo
Poeta veterano en el portal
La tengo conmigo, y no me suplica clemencia.
Puesto que somos amigos, y sin violencia.
Cuando se desnuda, la dejo en Paz, para que tenga dulces sueños.
Al fin y al cabo, el Amor que nos une es muy pequeño.
Hogar, dulce hogar. Estrechamos lazos. Hacemos juegos sublimes.
Pero el tiempo pasa, raudo y veloz, con sus patines.
Va por las calles, repartiendo el periódico, y la gaceta estudiantil universitaria.
El Tiempo es una persona sin supremacía judía, ni aria.
Es ciudadano moderno. Es el eterno retorno. Es la consecución de unos fines.
Mi amada y yo, planchamos los calcetines. La tengo por doncella mora, en su torreón de marfil.
Al margen, siempre. Ojos de almendra, como los pintara Modigliani.
Formamos el Puzzle o rompecabezas, y el serpentín.
Caen las fichas del dominó, contemplando el panorama.
Y a veces, mi mujer se derrama. Gota a gota. Está llorando en la penumbra de su habitación.
Escapa volando, como las aves. Ella es gaviota y vuelve a las rocas del Mar bravío.
Le escribo versos que duran poco, y que introduzco en una botella de cristal.
Soy el náufrago en Palacio. Estatua noble y firme.
Recibo una educación. Después de todo, soy ágape o Primera Comunión.
Sucinto. Nube blanca en el cielo azul. Pulcro y limpio. Desaparece mi antorcha.
Se va, a los Juegos Olímpicos. Mi almohada, se marchó con la espada.
Mi manta se fue con el jarabe de caramelo.
Y con las natillas.
Beso mis zapatillas de deporte. Beso mis zapatos náuticos de cuero marrón.
La amo, con un corazón que hay dentro de un cinturón negro de Kárate.
Dentro de un espectáculo. Dentro de la taquilla.
Puesto que somos amigos, y sin violencia.
Cuando se desnuda, la dejo en Paz, para que tenga dulces sueños.
Al fin y al cabo, el Amor que nos une es muy pequeño.
Hogar, dulce hogar. Estrechamos lazos. Hacemos juegos sublimes.
Pero el tiempo pasa, raudo y veloz, con sus patines.
Va por las calles, repartiendo el periódico, y la gaceta estudiantil universitaria.
El Tiempo es una persona sin supremacía judía, ni aria.
Es ciudadano moderno. Es el eterno retorno. Es la consecución de unos fines.
Mi amada y yo, planchamos los calcetines. La tengo por doncella mora, en su torreón de marfil.
Al margen, siempre. Ojos de almendra, como los pintara Modigliani.
Formamos el Puzzle o rompecabezas, y el serpentín.
Caen las fichas del dominó, contemplando el panorama.
Y a veces, mi mujer se derrama. Gota a gota. Está llorando en la penumbra de su habitación.
Escapa volando, como las aves. Ella es gaviota y vuelve a las rocas del Mar bravío.
Le escribo versos que duran poco, y que introduzco en una botella de cristal.
Soy el náufrago en Palacio. Estatua noble y firme.
Recibo una educación. Después de todo, soy ágape o Primera Comunión.
Sucinto. Nube blanca en el cielo azul. Pulcro y limpio. Desaparece mi antorcha.
Se va, a los Juegos Olímpicos. Mi almohada, se marchó con la espada.
Mi manta se fue con el jarabe de caramelo.
Y con las natillas.
Beso mis zapatillas de deporte. Beso mis zapatos náuticos de cuero marrón.
La amo, con un corazón que hay dentro de un cinturón negro de Kárate.
Dentro de un espectáculo. Dentro de la taquilla.
Última edición: