marianella
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tus manos en mis rodillas,
fue la primera arma que disparaste en silencio.
La austera falda que cubría mis piernas,
tronaban tu indefensa voluntad de tenerme a tu lado.
fue la primera arma que disparaste en silencio.
La austera falda que cubría mis piernas,
tronaban tu indefensa voluntad de tenerme a tu lado.
Mis ojos sobre tus labios,
armaban la perfidia de una siesta de tarde
para controlar mis respiros
y caerte sin viaje de despedidas.
armaban la perfidia de una siesta de tarde
para controlar mis respiros
y caerte sin viaje de despedidas.
Mi boca en tu oído,
sugerente invasión de vocablos lascivos,
para solfearte un verso intenso
y prepararte para mi asalto de urgencia.
sugerente invasión de vocablos lascivos,
para solfearte un verso intenso
y prepararte para mi asalto de urgencia.
Mis manos en tu cuello,
el provocativo puñal de mi control sobre tu cuerpo,
para desnudarte con la punta de mi lengua
y señalarte la divinidad del encuentro.
el provocativo puñal de mi control sobre tu cuerpo,
para desnudarte con la punta de mi lengua
y señalarte la divinidad del encuentro.
Mis bríos sobre tí,
con el movimiento lento del oleaje del pacifico,
con el vulnerable calor de tu hombría
y tus brazos sosteniendo mi cintura.
con el movimiento lento del oleaje del pacifico,
con el vulnerable calor de tu hombría
y tus brazos sosteniendo mi cintura.
Mi cuerpo en el tuyo
para depurar el decoro,
olvidar la presencia
y seguir amándote impaciente.
para depurar el decoro,
olvidar la presencia
y seguir amándote impaciente.
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:: Así es sin fronteras ni espacio a la politica.