Acontista!
Poeta recién llegado
De los lenguajes del amor, el de nuestras miradas es el que más me asombra, y es que en cada mirada hay una parte de mi alma que la tuya roba.
Nuestras conversaciones son eternas con solo una mirada profunda, Mis ojos dicen un te amo, y los tuyos lo devuelven con ese increíble brillo y sus hermosos parpadeos, como la primera vez que se cruzaron y ya no pudieron dejar de buscarse, cómo si no pudieran vivir sin mirarse, como si fueran una sola, como si fueran magnéticas, como almas adictivas, impacientes y sedientas de una mirada, y ahora lo sé, no es casualidad, son nuestras miradas que siempre están ahí, la una para la otra, atentas y apasionadas por juntarnos en cada ocasión. Y es que en tu mirada puedo ver la alegría, el amor y la paz, puedo ver un gracias, un quédate, un abrazo, un beso, Un me gustas, un me encantas, un nunca me dejes, un todo estará bien, un no hay caso; Somos las llaves de nuestros destinos. Tienes los ojos en que mi mirada quiere vivir y morir. Tengo el alma en mi garganta, celosa de las miradas deseando gritarte lo que mis manos también celosas te escriben ahora, no entienden ni aceptan que ya todo esto mis ojos te lo han dicho y los tuyos lo han leído. Inevitablemente es redundante decir te amo, amor bendito por Dios, cuando cada mirada me declara.
Nuestras conversaciones son eternas con solo una mirada profunda, Mis ojos dicen un te amo, y los tuyos lo devuelven con ese increíble brillo y sus hermosos parpadeos, como la primera vez que se cruzaron y ya no pudieron dejar de buscarse, cómo si no pudieran vivir sin mirarse, como si fueran una sola, como si fueran magnéticas, como almas adictivas, impacientes y sedientas de una mirada, y ahora lo sé, no es casualidad, son nuestras miradas que siempre están ahí, la una para la otra, atentas y apasionadas por juntarnos en cada ocasión. Y es que en tu mirada puedo ver la alegría, el amor y la paz, puedo ver un gracias, un quédate, un abrazo, un beso, Un me gustas, un me encantas, un nunca me dejes, un todo estará bien, un no hay caso; Somos las llaves de nuestros destinos. Tienes los ojos en que mi mirada quiere vivir y morir. Tengo el alma en mi garganta, celosa de las miradas deseando gritarte lo que mis manos también celosas te escriben ahora, no entienden ni aceptan que ya todo esto mis ojos te lo han dicho y los tuyos lo han leído. Inevitablemente es redundante decir te amo, amor bendito por Dios, cuando cada mirada me declara.