Mediocielo
Poeta fiel al portal
Hila mi seda apagada,
tejedor vibrante,
acaricia mi broche de nacar;
fosforecen mis mejillas al salero de tus rizos
cuando enredas con saetas a la brisa;
me prendiste los faroles de quimeras
que endulzaron de melaza mi remanso,
y las perlas a caballo crepitaron carruseles de deseo.
Pero escucha, amado mío,
el viento que abraza mis labios.
Cuando el gallo acune su nana en mis ensueños
espanta el vapor de mi mente,
hazme ese favor;
rescátame del crisálido congelado,
permíteme vibrar contigo y pintar el crepúsculo
con la embriaguez del crianza de tu savia;
vísteme de dorado, mi Rey Midas,
hagámonos uno,
y que mi esencia la arrastre el horizonte de la mar
hasta el linde donde expande el universo,
para hacerme pensamiento susurrante de tu mano.
Y si me olvidas,
que mi destino cumpla su abracadabra
borrándome poco a poco de la magia de mi hogar.
Eternamente tuya,
la amante de tu insolación.
tejedor vibrante,
acaricia mi broche de nacar;
fosforecen mis mejillas al salero de tus rizos
cuando enredas con saetas a la brisa;
me prendiste los faroles de quimeras
que endulzaron de melaza mi remanso,
y las perlas a caballo crepitaron carruseles de deseo.
Pero escucha, amado mío,
el viento que abraza mis labios.
Cuando el gallo acune su nana en mis ensueños
espanta el vapor de mi mente,
hazme ese favor;
rescátame del crisálido congelado,
permíteme vibrar contigo y pintar el crepúsculo
con la embriaguez del crianza de tu savia;
vísteme de dorado, mi Rey Midas,
hagámonos uno,
y que mi esencia la arrastre el horizonte de la mar
hasta el linde donde expande el universo,
para hacerme pensamiento susurrante de tu mano.
Y si me olvidas,
que mi destino cumpla su abracadabra
borrándome poco a poco de la magia de mi hogar.
Eternamente tuya,
la amante de tu insolación.
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