David Martinez Vilches
Amigo de la Poesía Clásica
Acostada en la cama
una carta encontré de mi gemela,
cual pájaro en la rama
abrí su roja escama
con cuidado del hombre que recela.
La tinta azul, del cielo agasajada
de cristales y ojos que recuerdo,
me lleva a la memoria un pobre cuerdo-
a aquélla que por mí fue bien amada.
La carta desplegada
empecé a leer con voz muy grave
y aquel que de dolores mucho sabe
pronto me habrá entendido.
Fecha extraña, perdida. Mi querido
si por desgracia abres este sobre
no volverás a ver mi alma pobre.
Perdona si te he herido,
perdona que me muero.
Al cielo de algún dios me desespero
y dejo allí mi alma con su amo.
-de lágrimas un ramo
mezclaba con la tinta del tintero-.
Pido perdón al día en que me viste,
pido perdón al cielo,
pido perdón al mundo, a su desvelo
que me tiene en aquesta noche triste.
Soy solo una tiniebla,
perdón por estos años
en los que mi alma por la vida puebla,
perdón por tantos daños, los engaños,
perdón por ser la niebla de tu vida.
-La imagen que me pesa,
al corazón sajado
cual alma en pena, tímida regresa
del mundo no olvidado-.
Te dejo, ya termino la duz senda,
ya mi alma se encomienda
a un Señor que por todos es divino
Soy cadáver ileso,
soy yo un ser que definen intangible
-siquiera me dejó un amargo beso,
no puede ser posible-.
Al inefable abismo
me voy buscando toscas soledades,
buscando vanidades
-sin ti ya no es lo mismo-
de espectro hasta encontrar el hondo Hades.
Adiós. Así terminan sus decires.
Así termina el mundo.
¡Oh Tierra horrenda, impura, no me mires!
¡Hacia el Infierno yo también me hundo!
una carta encontré de mi gemela,
cual pájaro en la rama
abrí su roja escama
con cuidado del hombre que recela.
La tinta azul, del cielo agasajada
de cristales y ojos que recuerdo,
me lleva a la memoria un pobre cuerdo-
a aquélla que por mí fue bien amada.
La carta desplegada
empecé a leer con voz muy grave
y aquel que de dolores mucho sabe
pronto me habrá entendido.
Fecha extraña, perdida. Mi querido
si por desgracia abres este sobre
no volverás a ver mi alma pobre.
Perdona si te he herido,
perdona que me muero.
Al cielo de algún dios me desespero
y dejo allí mi alma con su amo.
-de lágrimas un ramo
mezclaba con la tinta del tintero-.
Pido perdón al día en que me viste,
pido perdón al cielo,
pido perdón al mundo, a su desvelo
que me tiene en aquesta noche triste.
Soy solo una tiniebla,
perdón por estos años
en los que mi alma por la vida puebla,
perdón por tantos daños, los engaños,
perdón por ser la niebla de tu vida.
-La imagen que me pesa,
al corazón sajado
cual alma en pena, tímida regresa
del mundo no olvidado-.
Te dejo, ya termino la duz senda,
ya mi alma se encomienda
a un Señor que por todos es divino
Soy cadáver ileso,
soy yo un ser que definen intangible
-siquiera me dejó un amargo beso,
no puede ser posible-.
Al inefable abismo
me voy buscando toscas soledades,
buscando vanidades
-sin ti ya no es lo mismo-
de espectro hasta encontrar el hondo Hades.
Adiós. Así terminan sus decires.
Así termina el mundo.
¡Oh Tierra horrenda, impura, no me mires!
¡Hacia el Infierno yo también me hundo!