Josué M. Marrero
Poeta recién llegado
Amor mátame si quieres…
Pero mi cielo, ¡no me mates!
Por las cascadas espumosas que bajan de el Yunque
Por el flamboyán y su primavera de color naranja
Por las mil y una historia escritas en las murallas del viejo San Juan
Por el ruiseñor matutino que despierta la madrugada
Por el baile de las ramas en los palmares
Por la guayaba y la acelora del campo de los viejos
Por la briza de mar en La Parguera y su bahía de luces fosforescentes
Por la letanía a la Virgen de la Providencia, y su amparo que vive
Por la india en la morena y sus hechizantes danzares
Por sus labios rojos y el sabor a miel,
y la mirada antillana de ojos grandes y erguidos
Por la mujer en ti que no entregaras a las caricias de mi resguardo
Y por el lecho tibio que nunca compartimos
Por la fortuna del corazón
Amor, Amor, no me mates
Pero mátame, si eso quieres…
Pero mi cielo, ¡no me mates!
Por las cascadas espumosas que bajan de el Yunque
Por el flamboyán y su primavera de color naranja
Por las mil y una historia escritas en las murallas del viejo San Juan
Por el ruiseñor matutino que despierta la madrugada
Por el baile de las ramas en los palmares
Por la guayaba y la acelora del campo de los viejos
Por la briza de mar en La Parguera y su bahía de luces fosforescentes
Por la letanía a la Virgen de la Providencia, y su amparo que vive
Por la india en la morena y sus hechizantes danzares
Por sus labios rojos y el sabor a miel,
y la mirada antillana de ojos grandes y erguidos
Por la mujer en ti que no entregaras a las caricias de mi resguardo
Y por el lecho tibio que nunca compartimos
Por la fortuna del corazón
Amor, Amor, no me mates
Pero mátame, si eso quieres…