Nommo
Poeta veterano en el portal
Empezar de nuevo...
Como si no hubiera Historia.
Perdidos, en la memoria.
En las cumbres del recuerdo.
Como siempre. Sin testigos presenciales. Y Dios, en la última playa.
Sólo había barcos de papel, y dibujos sobre una cuartilla.
También, tijeras para recortar los mantelitos doblados.
Una tostada de mantequilla, y leche con cacao en polvo.
Peleas y riñas, y colegio de párvulos.
Entonces, éramos amigos. Luego, crecimos y se nos olvidó todo.
Era un misterio, que las lentejas contengan hierro y nos dieran fuerza increíble.
Nos empujábamos. Había ruedas de automóvil, en el recreo.
Y el más fuerte y peligroso, se llamaba José-María.
Los hermanos gemelos le vencieron. Tenían las orejas grandes.
Sí, salíamos juntos. Mas no éramos novios. Aprendíamos a montar en bicicleta.
Y a pelar pipas de girasol, tostadas.
Nos prohibían tragarnos el chicle. Porque se pega a las tripas,
según las voces más maduras.
Uno de nuestros compañeros había huido de su casa, en la noche, por un incendio.
Sabía abrocharse el botón de los pantalones vaqueros, pues tenía fuerza en las manos.
Como si no hubiera Historia.
Perdidos, en la memoria.
En las cumbres del recuerdo.
Como siempre. Sin testigos presenciales. Y Dios, en la última playa.
Sólo había barcos de papel, y dibujos sobre una cuartilla.
También, tijeras para recortar los mantelitos doblados.
Una tostada de mantequilla, y leche con cacao en polvo.
Peleas y riñas, y colegio de párvulos.
Entonces, éramos amigos. Luego, crecimos y se nos olvidó todo.
Era un misterio, que las lentejas contengan hierro y nos dieran fuerza increíble.
Nos empujábamos. Había ruedas de automóvil, en el recreo.
Y el más fuerte y peligroso, se llamaba José-María.
Los hermanos gemelos le vencieron. Tenían las orejas grandes.
Sí, salíamos juntos. Mas no éramos novios. Aprendíamos a montar en bicicleta.
Y a pelar pipas de girasol, tostadas.
Nos prohibían tragarnos el chicle. Porque se pega a las tripas,
según las voces más maduras.
Uno de nuestros compañeros había huido de su casa, en la noche, por un incendio.
Sabía abrocharse el botón de los pantalones vaqueros, pues tenía fuerza en las manos.
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