Soulsilhouette
Poeta recién llegado
Razón y sentido mio,
amada mía,
de tu halito el latido
que de tu entraña
no me olvido,
aun lejos,
aun dormido.
Espíritu de mis alas,
mi amada,
te extraña mi todo
al que sigo,
pues sin ti
me falta el rumbo
y el camino.
Amada digo,
con arras
ensimismadas
de tu auxilio,
tu compañía
verbo mio,
tu ausencia
muerto respiro.
Amor del siglo
en que existo,
tiempo ungido
de tu ser,
que en mis sueños
da realidad
a donde vivo.
Te amo
como soplo,
sin estilos
ni formas,
al compás
de tus motivos,
anhelos en los mios.
Del perfume
que derramas
cuando nos entregamos
en nuestro nido,
hago de la sombra
la esperanza,
de la luz
dos cuerpos unidos.
Sexo opuesto
que persigo,
sin egoísmo
ni arrogancia,
para donarle
el cariño
que nos trae
de vuelta nuevas ansias.
Amor mio
de la libre suspicacia,
sin dobles
ni caras falsas,
el abrazo es el sonido,
del corazón
con que te miro.
Amor mio
que es el tuyo,
amor tuyo
que es el mio.
De las fuentes
viene su agua,
que bebemos
con el poro,
de los huesos
que se bañan
con la flor
de nuestra hazaña.
Amor sin nada
de atuendos
que empañan,
el desnudo
de dos cuerpos
que se aman. Roberto A. Dumenigo
amada mía,
de tu halito el latido
que de tu entraña
no me olvido,
aun lejos,
aun dormido.
Espíritu de mis alas,
mi amada,
te extraña mi todo
al que sigo,
pues sin ti
me falta el rumbo
y el camino.
Amada digo,
con arras
ensimismadas
de tu auxilio,
tu compañía
verbo mio,
tu ausencia
muerto respiro.
Amor del siglo
en que existo,
tiempo ungido
de tu ser,
que en mis sueños
da realidad
a donde vivo.
Te amo
como soplo,
sin estilos
ni formas,
al compás
de tus motivos,
anhelos en los mios.
Del perfume
que derramas
cuando nos entregamos
en nuestro nido,
hago de la sombra
la esperanza,
de la luz
dos cuerpos unidos.
Sexo opuesto
que persigo,
sin egoísmo
ni arrogancia,
para donarle
el cariño
que nos trae
de vuelta nuevas ansias.
Amor mio
de la libre suspicacia,
sin dobles
ni caras falsas,
el abrazo es el sonido,
del corazón
con que te miro.
Amor mio
que es el tuyo,
amor tuyo
que es el mio.
De las fuentes
viene su agua,
que bebemos
con el poro,
de los huesos
que se bañan
con la flor
de nuestra hazaña.
Amor sin nada
de atuendos
que empañan,
el desnudo
de dos cuerpos
que se aman. Roberto A. Dumenigo
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