Nieves Fröhlich
Poeta recién llegado
He de ir a lo más recóndito de la tierra,
y cual ave migratoria busca su descanso de paso,
colocaré tu cuerpo suavemente en la roca
y te amaré con los sentimientos de la primera vez.
Miraré el cielo en tus ojos
encontraré mi paz en tus palabras,
refugiaré mis penas en tu abrazo
y en el calor de tu cuerpo, arrullaré mi alma.
Iré en busca del horizonte,
en el momento cuando las estrellas
se encuentren reunidas despidiendo a la noche
y he de pedirles, antes de su partida,
que iluminen tu cuerpo para confirmar tu celestial belleza.
Allí, confundidos en la naturaleza,
fundidos en la tierra misma
retomaremos nuestra costumbre de amarnos
pero esta vez será con todo el amor acumulado en los años.
Y en el momento cúlmine, la naturaleza misma
girará en torno nuestro, perfumando nuestra pasión
y cual mágica sinfonía, se unirán los pájaros
en romántica canción.
Ven amor mío, giremos con el mundo
pero no miremos sus miserias,
elevémonos, estemos junto a las estrellas,
junto a la luna y desde aquella distancia
el dolor de la humanidad no perturbará a nuestras almas.
Nuestro escudo es nuestro amor, nuestra fuerza, la pasión.
Si, amor mío, tenderé un lecho de rosas
y ahí siempre te amaré para aliviar tus penas,
para olvidar las mías.
Te amaré con el principio del amor
para que al final del camino, todavía nos acompañe.
Dame tu mano, amor mío
que juntos podamos gritarle a los humanos
la manera de amarse, la única que seca lágrimas,
que olvida penas, que abraza y que subyuga el alma.
Nieves
y cual ave migratoria busca su descanso de paso,
colocaré tu cuerpo suavemente en la roca
y te amaré con los sentimientos de la primera vez.
Miraré el cielo en tus ojos
encontraré mi paz en tus palabras,
refugiaré mis penas en tu abrazo
y en el calor de tu cuerpo, arrullaré mi alma.
Iré en busca del horizonte,
en el momento cuando las estrellas
se encuentren reunidas despidiendo a la noche
y he de pedirles, antes de su partida,
que iluminen tu cuerpo para confirmar tu celestial belleza.
Allí, confundidos en la naturaleza,
fundidos en la tierra misma
retomaremos nuestra costumbre de amarnos
pero esta vez será con todo el amor acumulado en los años.
Y en el momento cúlmine, la naturaleza misma
girará en torno nuestro, perfumando nuestra pasión
y cual mágica sinfonía, se unirán los pájaros
en romántica canción.
Ven amor mío, giremos con el mundo
pero no miremos sus miserias,
elevémonos, estemos junto a las estrellas,
junto a la luna y desde aquella distancia
el dolor de la humanidad no perturbará a nuestras almas.
Nuestro escudo es nuestro amor, nuestra fuerza, la pasión.
Si, amor mío, tenderé un lecho de rosas
y ahí siempre te amaré para aliviar tus penas,
para olvidar las mías.
Te amaré con el principio del amor
para que al final del camino, todavía nos acompañe.
Dame tu mano, amor mío
que juntos podamos gritarle a los humanos
la manera de amarse, la única que seca lágrimas,
que olvida penas, que abraza y que subyuga el alma.
Nieves