sweet poison
Poeta recién llegado
Ésta congelada noche me encuentro
apegada a esa ignorancia
que a veces te viste de inocente.
Tus escasos días de sol bendijeron
mis momentos malditos y ahora tus abrazos
acunan desvaríos de una luna que se marchita de a poco
y se seca tras de mí.
El cielo llora flechas que parten tu pecho
pero me tienes a tu lado
compartiendo el dolor de cientos de puñales
que abren la piel y patean al corazón.
De entre las nubes nacen gritando rayos
que firman nuestras cartas suicidas
de amantes demolidos.
Pasaremos de ser kilos de lamentos a ser
gramos de humeantes cenizas pero
seguiremos estando atrapados en una triste caja
y en un ambiente ausente de miradas compasivas.
Sortearemos el glamour intacto
de nuestra partida y de ese adiós apocalíptico
impreso en algunos tímpanos de mediocres héroes
que acuden al rescate de los menos necesitados.
Nos abrirá la puerta una canción de aullidos familiares y caninos
que durará diez minutos hasta que El Guardián Azul
vuelva a cerrar la jaula de los canarios de Dios.
Nos vestiremos de fiesta con un blanco resplandor,
¿o quizás seamos merecedores de
quemadas y usadas ropas? pero
mientras tanto reiremos de las distintas sirenas.
Estaremos orgullosos de los inútiles esfuerzos
por hacernos volver porque siempre fuimos
un solo cuerpo pero ahora
somos una misma alma.
Un solo pasajero que ya no se esconde
del sol y que ya no se avergüenza
de las manchas de sangre.
apegada a esa ignorancia
que a veces te viste de inocente.
Tus escasos días de sol bendijeron
mis momentos malditos y ahora tus abrazos
acunan desvaríos de una luna que se marchita de a poco
y se seca tras de mí.
El cielo llora flechas que parten tu pecho
pero me tienes a tu lado
compartiendo el dolor de cientos de puñales
que abren la piel y patean al corazón.
De entre las nubes nacen gritando rayos
que firman nuestras cartas suicidas
de amantes demolidos.
Pasaremos de ser kilos de lamentos a ser
gramos de humeantes cenizas pero
seguiremos estando atrapados en una triste caja
y en un ambiente ausente de miradas compasivas.
Sortearemos el glamour intacto
de nuestra partida y de ese adiós apocalíptico
impreso en algunos tímpanos de mediocres héroes
que acuden al rescate de los menos necesitados.
Nos abrirá la puerta una canción de aullidos familiares y caninos
que durará diez minutos hasta que El Guardián Azul
vuelva a cerrar la jaula de los canarios de Dios.
Nos vestiremos de fiesta con un blanco resplandor,
¿o quizás seamos merecedores de
quemadas y usadas ropas? pero
mientras tanto reiremos de las distintas sirenas.
Estaremos orgullosos de los inútiles esfuerzos
por hacernos volver porque siempre fuimos
un solo cuerpo pero ahora
somos una misma alma.
Un solo pasajero que ya no se esconde
del sol y que ya no se avergüenza
de las manchas de sangre.