Nacidos para ser libres.
Somos parte de una fase crucial de la evolución humana, la cual se caracteriza por una expansión fundamental en la conciencia. Más que nunca, la libertad parece inseparable del concepto de individualismo. Solamente los individuos que están dispuestos a pagar el precio y a invertir el esfuerzo psicológico, pueden decir que han nacido para ser libres. Empero, hay grupos, personas y naciones que nacen ya conformadas para la sumisión y la esclavitud. En teoría, y como humanos, deberían tener el derecho a nacer libres, pero no se lo han ganado. La libertad requiere un esfuerzo doble: conseguirla y mantenerla. La libertad no significa el aislamiento total. Una planta no puede crecer cuando es sembrada al azar, en cualquier lado. Hay condiciones fundamentales para su supervivencia como el aire, la humedad y la tierra -. Las plantas y los árboles muestran una gran determinación para sobrevivir y su supervivencia está predeterminada por su misma naturaleza. No tiene ninguna forma de elección en el asunto. Con la menor oportunidad que se les dé para sobrevivir, las plantas llevan a cabo su propósito. Para bien o mal, los seres humanos tenemos capacidad de elegir y ahí radica el problema que la libertad presenta el tema del destino personal -. Es un asunto que difícilmente consideramos, presionados como estamos con los detalles de la vida diaria. Sin embargo, los conceptos de libertad y destino difícilmente se pueden separar. No hay ninguna libertad, excepto la libertad de quien se mueve hacia un propósito claro, hacia su destino. Este sentido de propósito es característico de la persona creativa. Surge de muchas fuentes, tanto internas como externas. Es el producto de la introspección, es decir, de ver hacia dentro, aun cuando este autoconocimiento a muy buen grado intuitivo y nunca se formule en un proceso lógico de análisis. Es una parte de un conjunto único de circunstancias, incluyendo la herencia genética, que nos vuelven peculiares a todos y que nos dan una identidad especial. Millones de personas pueden estar haciendo lo que nosotros, pero es nuestra actividad lo que le da dirección a nuestro destino, lo que nos hace ser libres o no serlo. La actividad creativa nos confirma que hemos nacido para ser libres. Algunos profesionales han puesto énfasis una y otra vez en el papel del valor y la determinación en el proceso creativo. Y en verdad es fundamental. Se requiere valor para enfrentarnos repetidamente a nosotros mismos, a nuestros errores y a nuestros juicios críticos. El hombre solamente puede ser libre cuando se ha enfrentado a sí mismo, cuando ha tomado las riendas de su propia vida. Para lograr la verdadera libertad, se requieren la audacia y el coraje. En la vida de todos, llegamos a un momento en que sentimos que hemos logrado lo que nos proponemos. Es este momento crucial para apreciar nuestra libertad y seguir luchando por conservarla. La libertad es un viaje, no un puerto; es un proceso, no un fin en sí misma. Nos sentimos libres cuando invertimos creatividad suficiente para merecer la libertad con la que hemos nacido, pero la cual hemos de merecer a través del esfuerzo arduo. La persona que obtiene su libertad interior, es flexible y estable. Logra un buen equilibrio, dentro de sí misma y en sus relaciones con el mundo. Posee un buen grado de autosuficiencia, pero eso no significa que no tenga ataduras importantes. Sin embargo su necesidad de depender de otros no es tan fuerte o está mal dirigida de tal forma que la liberación de su energía creativa se vea bloqueada. La persona libre no experimenta la confusión tremenda de los cambios. Los acepta como una parte inevitable de su existencia. Cuando ha conseguido la libertad interior, la persona creativa tiene un don especial para tolerar la ambigüedad, es decir, para reconciliar las fuerzas opuestas que operan dentro de sí mismas. Su modo de percepción favorito es la intuición. La intuición es diferente de la impulsividad y no significa ofender el sentido común. No hay nada mágico en la intuición, aunque con frecuencia parece irracional para muchos. Es un ingrediente agregado del proceso de decisión, luego de que todos los hechos y cálculos se han analizado. Entonces, la intuición influye en nuestro juicio crítico moviéndonos en un sentido o en otro. La libertad permite al individuo creativo ampliar su gama de intereses, ya que estimula su curiosidad natural. El individuo creativo difícilmente tiene miedo de explorar. Dispone de la energía y disciplina suficientes para llevar a cabo tareas y causas en las que cree firmemente y a las cuales se determina. La pasión es una de las características de la libertad. Cuando se es libre y se ha ganado a pulso esta libertad, las cosas a las que se propone uno desembocan en el éxito no tanto el éxito como es definido de afuera, sino el éxito que surge de la satisfacción personal que trae consigo el esfuerzo duro y la disciplina. Estrategia del proceso creativo. En el proceso creativo, hay ciertos momentos estratégicos en los cuales parece que no estamos progresando, o lo que es más, que estamos retrocediendo. Estos momentos son estratégicos porque las acciones que se tomen van a determinar el éxito o el fracaso del proceso. Con demasiada frecuencia asumimos que estamos más cerca de los resultados deseados de lo que en realidad estamos. Cuando intentamos movernos en la dirección de los resultados que queremos, hay veces que descubrimos que la ruta a esos resultados pueden ser demasiado larga. Es por ello que es imperativo comprender la naturaleza de los elementos estratégicos de la creación, que se dan justamente cuando comprendemos que hay que hacer todavía más y más para lograr resultados. Pensábamos que ya estábamos cerca; lo dábamos por un hecho, pero la distancia era mayor de lo que entonces percibimos. Cuando hace un cambio en la vida, o toda una serie de cambios, hay con demasiada frecuencia una tardanza entre el tiempo en que se inicia el cambio y el tiempo en que se empieza a ver los resultados del cambio. Muy comúnmente, un resultado no es la consecuencia de las acciones. Así, es posible iniciar cambios efectivos, pero no por ahora. La forma de definir los resultados que pretendemos es una parte crucial del proceso creativo. Con demasiada frecuencia, la tardanza en ver los resultados específicos crea impaciencia, y mucha gente opta por detener la acción. Sin embargo, si los resultados que se pretenden son bien definidos, hay espacio para la paciencia. El significado que le dé uno a las acciones es definitivo para crear o reducir el momento culminante. Si somos hábiles lo suficiente como para considerar benéfico el factor retraso en el logro de resultados, podemos describir la realidad actual con más precisión. La acción produce un resultado: un resultado da lugar a una definición del significado. Cómo se defina la relación entre la acción que tomamos y el resultado que observamos, afecta todas nuestras acciones futuras y puede diluir los momentos estratégicos. Si estamos en una orientación creativa, y nos movemos hacia el resultado absoluto de lo que queremos, puede haber retrasos en el camino. Para alguna gente, la tardanza en ver los resultados que ha definido, es frustrante. Pero, si a pesar de ello, nos podemos seguir moviendo firme y seguramente hacia los resultados, entonces los momentos se vuelven estratégicos. Son estos momentos importantes oportunidades para catalizar y hacer más sólido el proceso creativo. Con el tiempo y la experiencia, las acciones que tomamos producirán mejores resultados de los que deseamos. Aprenderemos a tomar mejores acciones y a corregir el curso a través de acciones declaradamente útiles y otras que no lo son tanto. Una de las lecciones más difíciles en el proceso creativo es aprender a reconocer la realidad actual tal y como es. Por lo general, es diferente de lo que pensamos qué es o cómo queremos que sea. Si nos encontramos continuamente resintiendo el hecho que nuestras circunstancias no son lo que esperábamos, inhibimos la capacidad para usar la realidad actual en la creación de una tensión estructural, creativa. Si seguimos resintiendo y resintiendo la disparidad entre lo que es la realidad y lo que queremos que sea, entonces nos alejamos de ella. Entre más directa y rápidamente reconozcamos la realidad, tal y cual es, estaremos en mejor forma. Esta capacidad es especialmente importante cuando la realidad descubierta está a mucha distancia de lo que esperábamos. Desarrollar ésta práctica nos puede tomar tiempo, pero es fundamental para integrarnos al proceso creativo. Nos volvemos más diestros en reconocer la realidad actual, de tal forma que reorganizamos espontáneamente nuestra percepción en formas consistentes con el cambio en las circunstancias. Nuestra salud mental y equilibrio psicológico están afectados directamente por el reconocimiento del estado de cosas actual. Esto significa que nos decimos la verdad acerca de la realidad, tal y cual es, sin distorsiones que nublan el juicio y explicaciones sin validez para justificar su casualidad. El intento de protegernos a nosotros de la verdad, es no vernos competentes para manejarla. Si nos orientamos hacia el proceso creativo, vamos a descubrir que podemos ser más poderosos y resistentes de lo que pensamos. Si distorsionamos la realidad habitualmente, la verdad puede ser realmente peligrosa. Pero la verdad nunca es peligrosa; al contrario. Nos libera para poder crear. Es solamente a través del conocimiento de los hechos de la realidad que podemos involucrarnos en la tensión creativa y movernos hacia lo que realmente nos interesa. Los momentos en que las circunstancias no son lo que deseamos, son vitales, porque son en realidad fuente de mucho poder interno. Es ahí, en esos momentos de definición, que podemos redefinir lo que queremos es decir, nuestra visión y el lugar en donde estamos nuestra realidad actual. Empezamos por describir nuestro lugar y en dónde deseamos estar. Es necesario no limitarnos a lo que pensamos que es posible solamente bajo las circunstancias actuales. Así, escogemos el resultado de una manera formal. Una vez que hemos observado la realidad integral, y el lugar hacia dónde nos dirigimos, cambia todo. Es tiempo de iniciar los movimientos a todo vapor. En la orientación creativa, nunca estaremos en posición de violar nuestras convicciones y actitudes morales, espirituales y éticas. El ser superior, que vive en armonía con la realidad, es nuestra guía y se rige por los más altos estándares posibles. Cuando hablamos de la confianza, me estoy refiriendo a un intangible, que nace en un ambiente de libertad. Una cualidad en nuestras relaciones con los demás, basada en la persona del otro, que se apoya en las expectativas no seguras de su comportamiento. Cuando confiamos, orientamos nuestra acción dependiendo de la conducta prometida por el otro, sobre lo cual no tengo posibilidad de control -pues el otro es libre de actuar así o no- con la esperanza de que cumplirá lo prometido. Es importante, que al confiar, nos hacemos deliberadamente dependientes de que la otra persona actúe de una determinada manera; como creemos en ella, creemos que cumplirá lo que dice. Por eso cuando confiamos nos hacemos vulnerables, asumimos un riesgo y, si nos equivocamos en nuestra predicción, sufriremos daño o, una decepción. ¿Cómo asumo el riesgo de predecir la conducta ajena en el futuro? En primer lugar, en base a la experiencia acumulada: conforme hemos visto reaccionar al otro en situaciones similares en el pasado; o también fijándonos en cualidades de la otra persona, que nos ayudan a prever razonablemente su comportamiento: como por ejemplo, la honestidad, pues es preferible ser vulnerable ante alguien honesto que ante gente sin principios. Cuando alguien confía en mí de alguna manera me está eligiendo, y hacerlo supone una elección gratuita, lo está haciendo porque quiere, no porque tenga obligación de hacerlo. Por lo tanto, cuando confiamos, estamos al mismo tiempo afirmando al otro como persona, como a nosotros mismos. Ante las expectativas y la confianza puestas en ellas, las personas reaccionan muy positivamente; se crecen. ¡El valor del tiempo! Sí cada día nos pusiéramos a reflexionar, para ver en qué invertimos el tiempo, esto nos daría como resultado que la mayor parte se pierde, a pesar de que cada día nos hacemos un nuevo propósito para sacar adelante todas esas cosas que tenemos pendientes por hacer. Y es precisamente en esos instantes en que vemos la gran cantidad de tiempo que perdemos, cuando podríamos invertirlo en algo más importante. La vida no tiene retroceso, por lo que debemos vivir el presente. Invirtiendo el tiempo en tal manera de conservar la salud, la felicidad y el éxito. Acuérdate que el reloj sigue su marcha. Trata de conseguir siempre lo máximo del día. Para entender el valor de un año, de un día, de una hora, de un minuto, de un segundo, de un milésima de segundo esto es en realidad el valor del tiempo. Hay que sacarle provecho a cada momento de la vida y se atesore. Más sí lo compartiste con alguien especial, lo suficientemente especial como para dedicarle tu tiempo, y recuerda que el tiempo no espera por nadie. Ayer es historia, mañana es misterio, hoy es dádiva. ¡Por eso es que se le llama el presente! ¿Cómo inviertes tu vida espiritual en el tiempo que Dios te regala de vivir en esta tierra? Invierte de tal manera que cuando Él te llama, estés preparado para ir a su encuentro. ¡Cosas reales!. Un hombre se encontró un capullo de una mariposa y por curiosidad se lo llevó a casa para poder ver cuando ésta saliera del capullo. Pasado unos días observó que había un pequeño orificio y entonces se sentó para verlo más detenidamente por varias horas. El hombre notó que la mariposa forcejeaba duramente para poder pasar su cuerpo a través del pequeño agujero del capullo, hasta que llegó un momento en el que pareció haber cesado de forcejear, pues aparentemente no progresaba en su intento. Parecía que se había quedado atrapada. Entonces el hombre, con su bondad, decidió ayudar a la mariposa y con una pequeña tijera cortó parte del agujero para hacerlo más grande y ahí fue que por fin la mariposa pudo salir del capullo. Sin embargo al salir la mariposa tenía el cuerpo muy hinchado y unas alas muy pequeñas y dobladas. El hombre continuo observando, pues esperaba que en cualquier instante las alas se desdoblaran y crecieran lo suficiente para soportar el cuerpo, el cual se contraería al reducir lo hinchado que estaba. Ninguna de las dos situaciones sucedieron y la mariposa solamente se podía arrastrar en círculos con su cuerpecito hinchado y sus alas dobladas... ¡Nunca pudo llegar a volar! Lo que el hombre con su bondad y apuro no entendió, fue que la restricción de la apertura del capullo y la lucha requerida por la mariposa, para salir por el diminuto agujero, era la forma en que la naturaleza forzaba fluidos del cuerpo de la mariposa hacia las alas, para que estuvieran grandes y fuertes, luego pudiese volar. Libertad y el volar solamente podrán llegar luego de la lucha. Al privar a la mariposa de la lucha, también le fue privada su salud. Algunas veces las luchas son lo que necesitamos en la vida.