No soy la mujer de un buen ciudadano oriental,
ingenuidad me sobra para decir con exactitud
cual es el alfabeto chino y cual es el de japón,
por Dios si soy mexicana y me espino la lengua
cada vez que me hieren las miradas de mis huastecos
de mi acalorado bermejo.
Si para nuestros recuerdos ellos son todos iguales
y nos salta del corazón el narcisismo cuando les vendemos
el plástico para sus improvisados párpados, que da risa da locura
que somos occidentales.
No soy ministra de mi casa
no tengo al vaticano en mi bolsa barata
tengo aquí bemoles y pensamientos baratos
abruptamente sólidos por el ardor del pueblo
que me da ventanas y puertas en las que ahora escribo.
Me duele, no me siento héroe, no lleno tu isla
de once sílabas, tan solo eso me bastaría para
ser buena con tu arte y darte un botón de mi blusa para
que vistas bien en la presentación de este poema
y de mi dolor por tus 40000 letras muertas.
En honor al pueblo Chino...
ingenuidad me sobra para decir con exactitud
cual es el alfabeto chino y cual es el de japón,
por Dios si soy mexicana y me espino la lengua
cada vez que me hieren las miradas de mis huastecos
de mi acalorado bermejo.
Si para nuestros recuerdos ellos son todos iguales
y nos salta del corazón el narcisismo cuando les vendemos
el plástico para sus improvisados párpados, que da risa da locura
que somos occidentales.
No soy ministra de mi casa
no tengo al vaticano en mi bolsa barata
tengo aquí bemoles y pensamientos baratos
abruptamente sólidos por el ardor del pueblo
que me da ventanas y puertas en las que ahora escribo.
Me duele, no me siento héroe, no lleno tu isla
de once sílabas, tan solo eso me bastaría para
ser buena con tu arte y darte un botón de mi blusa para
que vistas bien en la presentación de este poema
y de mi dolor por tus 40000 letras muertas.
En honor al pueblo Chino...