Chrix
Poeta que considera el portal su segunda casa
Agita tus alas como dedos… sostén tu blanco pañuelo,
detrás de mis ojos, tu imagen rezagada plagiando durmientes.
Eres tristeza clavándose en un anzuelo, tieso señuelo,
para el cardumen de recuerdos que en mi carne clavaran sus dientes.
Mi lupa, cristal sin fuerza, se vuelve ventana y tu figura empequeñece,
atrás queda contigo el amor de verano que no deshojará inviernos.
Conmigo tengo estas vías que me gritan: ¡tu viaje será eterno!,
Y entonces te digo cuando todo mi mundo se estremece:
“No te llevo conmigo, pero en mi solapa anida
un ondulante cabello,
no llevo prenda tuya, pero si en mis labios
el perfume de tu cuello.
No llevo grabadas ninguna conversación,
pero tengo tus promesas albergadas
en un riconcito de mi corazón.
No tengo conmigo foto tuya alguna,
pero me llevo tus mejores imágenes,
hermosa mujer como ninguna!
Tampoco te dejé nada mío,
solo la promesa de volver…cuando no haga frío!”
detrás de mis ojos, tu imagen rezagada plagiando durmientes.
Eres tristeza clavándose en un anzuelo, tieso señuelo,
para el cardumen de recuerdos que en mi carne clavaran sus dientes.
Mi lupa, cristal sin fuerza, se vuelve ventana y tu figura empequeñece,
atrás queda contigo el amor de verano que no deshojará inviernos.
Conmigo tengo estas vías que me gritan: ¡tu viaje será eterno!,
Y entonces te digo cuando todo mi mundo se estremece:
“No te llevo conmigo, pero en mi solapa anida
un ondulante cabello,
no llevo prenda tuya, pero si en mis labios
el perfume de tu cuello.
No llevo grabadas ninguna conversación,
pero tengo tus promesas albergadas
en un riconcito de mi corazón.
No tengo conmigo foto tuya alguna,
pero me llevo tus mejores imágenes,
hermosa mujer como ninguna!
Tampoco te dejé nada mío,
solo la promesa de volver…cuando no haga frío!”
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