jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
es duro pensar
que aun si pudiera escribir el mejor poema de amor de la historia
uno donde hablara de tu largo pelo negro
y cómo te lo echas hacia atrás
y lo separas por en medio y formas una trenza
que amarras en la punta con un par de bolitas rojas
para que combinen con tu piel morena
y te miras al espejo y dices ¡qué fea estoy!
porque sabes que eres fea pero no te importa
fea y flaca y con esa nariz ganchuda de bruja
la más fea entre tus 6 hermanas
pero en las fotos donde estás con ellas te ves preciosa
y ninguna tiene la sonrisa más bella que la tuya
ni el brillo de tus ojos cafés
y ese aire ingenuo de mujer que se resiste a dejar de ser niña
y aún sueña con vestir a sus muñecas y hacer un pastel de lodo
o ponerse los zapatos de tacón de su madre y ver si puede
bajar la escalera sin tocar el pasamanos
ese aire ingenuo que fue tal vez la razón
de que al verte me sintiera enamorado
y pensara que al fin había encontrado a la mujer de mi vida
a pesar de la enorme diferencia de edad que nos separa
y mi profunda adicción a la soledad
y a no depender de nadie emocionalmente
cuando te conocí pensé "a esta fea la meto en mi cama en dos días"
y efectivamente así ocurrió
sólo que la fea resultó ser una máquina de follar
que podía pasarse la mitad de la noche teniendo orgasmos
y despertarse al amanecer más caliente que una burra
y con la vagina como candentes ascuas al rojo vivo
¿qué puede hacer un poeta viejo y triste y con los huevos desinflados
para saciar la infinita lascivia de su amada adolescente?
es duro pensar que la poesía no reemplaza una buena erección
un pene duro y firme donde la mujer que amas pueda encajar
su hambrienta y voraz vagina multiorgásmica
es duro pensar también
que aun si pudiera escribir el poema de amor más bonito del mundo
lo más probable es que lo leyeras con una risita socarrona
y te acordaras de mi cuerpo exánime cuando veniste a verme al hospital
donde ahora permanezco internado a raíz del infarto
que la última sobredosis de viagra me causó
lo leerías con tu risita socarrona y lo arrojarías al suelo
y le dirías a tu joven amante "este puto vejestorio no escarmienta
y sigue empeñado en que vuelva con él sólo porque es poeta"
y te sentarías en sus piernas y cabalgarías sobre su verga tiesa
atravesando la infinita madrugada como un cosaco
que no se detiene hasta no haber hecho reventar a su caballo
en la fría y desolada y negra estepa
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