AMANT
Poeta adicto al portal
Te encontré y no estabas...,
no estabas, aunque te veía, ahí, a mi lado.
Eras buena y hermosa y femenina;
eras todo lo que yo había buscado,
la musa que de mí huía;
eras, encarnada, la misma poesía.
Lejana, imposible,
una quimera, una utopía,
eras y sos.
una quimera, una utopía,
eras y sos.
De a poco, me enamoraste
y me sorprendió, un día,
el sol: amándote.
Amarte es como querer nadar
en ese circular lago de luz
que destella miel en la oscuridad.
en ese circular lago de luz
que destella miel en la oscuridad.
Amarte, bella esfinge,
es atrapar celestes luciérnagas
con una red etérea
de miradas, hecha.
Te encontré ahí, en una ventana,
llorosa, infeliz, taciturna.
El silencio era una bellísima
melodía de fondo,
la amistad,
la excusa perfecta
para acercarme a ti,
así: como una fiera a su presa,
con astucia y paciencia.
llorosa, infeliz, taciturna.
El silencio era una bellísima
melodía de fondo,
la amistad,
la excusa perfecta
para acercarme a ti,
así: como una fiera a su presa,
con astucia y paciencia.
Intangible, tu ser virtual
era tan real
como este amor
que hiciste nacer en mi.
Eras esa fontana de felicidad
cuyos exquisitos elixires
deseaba que calmaran,
siempre, mi sed.
Te encontré entre versos y sueños:
lozana y atractiva.
Despertaste mi libido
con musicales y silentes besos,
tus dulces palabras de fuego,
y, desde entonces,
permanece noctámbulo,
en vigilia perpetua,
a la espera de derramarse
solo y sólo sobre tu cuerpo.
lozana y atractiva.
Despertaste mi libido
con musicales y silentes besos,
tus dulces palabras de fuego,
y, desde entonces,
permanece noctámbulo,
en vigilia perpetua,
a la espera de derramarse
solo y sólo sobre tu cuerpo.
Te vi, ahí...
La tecnología, en sus alas
metálicas, te trajo a mí.
Tu angelical presencia
riente y sonriente
vistió de sedosa fantasía
la desnudez aterida de mi realidad.
Amarte es morir...,
y a plenitud, vivir;
contemplar una ronda de niñas,
al despuntar el alba, tejida,
mientras a los ojos te miro y me miras;
anhelar que todos mis despertares
sean paisajes
en los que el destino
pinte tu retrato junto al mío.
y a plenitud, vivir;
contemplar una ronda de niñas,
al despuntar el alba, tejida,
mientras a los ojos te miro y me miras;
anhelar que todos mis despertares
sean paisajes
en los que el destino
pinte tu retrato junto al mío.
Te encontré ahí, adoración,
amor poético,
y ni siquiera salí de mi habitación,
un día común, un día especial,
en que las horas tendieron
una escarlata y fragante
senda de pétalos,
para abrirle paso al amor.
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