dragon_ecu
Esporádico permanente
Bajo el dintel seguido del terremoto,
observo como las paredes agrietadas
se tambalean.
Describir los eufemismos sin usarlos,
como si fueran alegorías en oferta,
como desgastadas metáforas con descuento.
Tantas hipérboles miniaturas de chips,
comiendo las sinécdoques comas,
endulzadas y argentadas metonimias.
Repito en secuencia que repito el quiasmo,
Y repito que repito un arado aliterado.
Repito una vez la anáfora.
¿Qué no es posible hablar de un amoroso epíteto,
sin mandar el lirismo a un alegórico paseo?
Siendo la respuesta personificada en una cama sonriente.
Hipérbaton a destiempo de sentimientos,
envuelta en tierna y dulce ironía
de esta explicada paradoja.
Es tanto el ingenio creativo de la destrucción,
que gotea pluck pluck pluck el oxímoron,
oyendo el frío sinestésico que le moja.
Porque cada mirada observada por los mirones,
invadía de pleonasmo la perífrasis,
como el vacío discurso del hablador etopéyico.
Su ojos de vaca le daban algo de humanidad
a su pensamiento animal prosopográfico,
insistiendo y repitiendo y persistiendo y volver
en polisíndeton que bien sabía pero se guardaba en elipsis.
Tan mal librada pena como calambur encastrado químicamente,
le otorga al amor un retruécano,
hasta que brote una chispa de ingenio amoroso.
Surge luego la respuesta del neo-neologismo,
de las venas surrealistas abiertamente centradas
de que el amor no se observa en la sangre,
por más que este inflame su ilusión.
¿Ya te dije hoy que estás muy bella,
mi bella galletica pecosa?
¿Para que hablar?,
si nuestras miradas, se dicen todo,
¿Para qué las palabras?,
si los gestos delatan nuestras aprensiones.
¿Para qué articular fonemas?
si los latidos de nuestros corazones
palpitan al unísono.
¿Para que más sonidos que los simples quejidos
y suspiros de una noche revuelta?
https://soundcloud.com/ryusuke-ishikawa/para-que-hablar
observo como las paredes agrietadas
se tambalean.
Describir los eufemismos sin usarlos,
como si fueran alegorías en oferta,
como desgastadas metáforas con descuento.
Tantas hipérboles miniaturas de chips,
comiendo las sinécdoques comas,
endulzadas y argentadas metonimias.
Repito en secuencia que repito el quiasmo,
Y repito que repito un arado aliterado.
Repito una vez la anáfora.
¿Qué no es posible hablar de un amoroso epíteto,
sin mandar el lirismo a un alegórico paseo?
Siendo la respuesta personificada en una cama sonriente.
Hipérbaton a destiempo de sentimientos,
envuelta en tierna y dulce ironía
de esta explicada paradoja.
Es tanto el ingenio creativo de la destrucción,
que gotea pluck pluck pluck el oxímoron,
oyendo el frío sinestésico que le moja.
Porque cada mirada observada por los mirones,
invadía de pleonasmo la perífrasis,
como el vacío discurso del hablador etopéyico.
Su ojos de vaca le daban algo de humanidad
a su pensamiento animal prosopográfico,
insistiendo y repitiendo y persistiendo y volver
en polisíndeton que bien sabía pero se guardaba en elipsis.
Tan mal librada pena como calambur encastrado químicamente,
le otorga al amor un retruécano,
hasta que brote una chispa de ingenio amoroso.
Surge luego la respuesta del neo-neologismo,
de las venas surrealistas abiertamente centradas
de que el amor no se observa en la sangre,
por más que este inflame su ilusión.
¿Ya te dije hoy que estás muy bella,
mi bella galletica pecosa?
¿Para que hablar?,
si nuestras miradas, se dicen todo,
¿Para qué las palabras?,
si los gestos delatan nuestras aprensiones.
¿Para qué articular fonemas?
si los latidos de nuestros corazones
palpitan al unísono.
¿Para que más sonidos que los simples quejidos
y suspiros de una noche revuelta?
https://soundcloud.com/ryusuke-ishikawa/para-que-hablar