Bohemiamestiza
Nefelibata
Que tristes me resultan esos momentos
Durante mis días, en los que se me congelan los parpados,
Y los pulmones se detienen…
Como esperando a que pase:
Todo eso que a veces no sé si es recuerdo, pesadilla o deseo,
Que pase,
Que truene mi mente,
Y me robe alguna lágrima,
Un poema en blanco sin escribir, o
Si la suerte es buena
Un suspiro largo y pausado;
Simplemente, volver a respirar.
Qué triste me resulta dudar de tu existencia
Pensar que en algún otro lugar
Estas olvidándonos,
Encendiendo luces muy diferentes
A las que prendían mis lunares cuando los tocabas,
Amando con tus armas encubiertas de ternura,
Apuntando a un blanco extraño que
No es ni el cierre de mi falda
Ni el de mi corazón…
Siempre tan lejano y tan pretérito
Como un anhelo que se deshace
Con solo pensarlo,
Tan presente todavía,
Como la ausencia que dejaste
Oprimiéndome las costillas cada vez
Que miro al cielo y no encuentro la luna,
Como el silencio que me ensordece
Cada vez que necesito escuchar tu voz,
Y solo me consuelo con despolvar de la memoria
Los susurros que me regalaste una vez
Y que me empeñe en guardar,
Para cuando tenga ganas de escuchar
Una buena canción:
Tu respiración (…)
Me resulta tan triste, saber que lo que queda
Penda de un hilo
Y la única que lo retiene soy yo,
¿Cómo deshacerme de un sueño cumplido?
¿Cómo olvidarme de un recuerdo sin cumplir?
¿Cómo desprenderme de tus cuchillos?
Si mi dolor sigue llevando tu nombre
Implícito detrás de cada cicatriz…
¿Cómo no desearte?
Si la imagen
De la curva de tu cadera
Afilando la mía a trasluz
Sigue empapando las paredes de mi soledad,
Como condenarte,
Culparte y sentenciarte,
Si ni siquiera me creo todo aquello
De tus disparos directos a mi pecho,
Como aceptar que fue el mismo
Héroe que me salvó,
El autor de la masacre a mis ventrículos,
El mismo que me empujó al precipicio
Del que me levantó con solo una mirada,
¿Para qué me salvaste, si después me ibas a matar?
A veces daría todo lo que tengo
Por ir a buscar de nuevo las respuestas
A tu boca,
Buscar, sabiendo exactamente lo que
Encontraría si lo hiciera;
Un muro de hormigón sobre el
Cual se estrellarían todas mis ganas
De alcanzarte por una última vez más,
Una muralla interminable de imposibilidad,
Rodeando tu corazón,
O lo que sea que guardes debajo
De esa manera tan adictiva que tienes de mirar,
Un cuerpo sin alma ofreciendo
Una entrega incompleta,
Fugaz y embustera
Como una primavera helada, que promete
Flores que mueren antes de nacer
Que no pueden emerger
Sobre tanto hielo
Un encuentro casual
Que sacie un poco tu lascivia
Y alimente mi tristeza para lo que dure
Este invierno que se aproxima,
Y al cual le he provisto de motivos,
Para llover cada domingo.
Una culpa tan grande,
De saberme devota de tu látigo,
Incondicional a mí daño,
Fiel a una ficción cadavérica,
Una enferma de ceguera,
Que por capricho, necedad, o masoquismo,
Sigue aferrándose a un fuego extinto,
A una mirada que ya no es entrada,
Sino barrera.
A una puerta cerrada,
Y a una espera perpetua.
Aun así, iría a buscarnos,
Con toda la euforia kamikaze
De una guerrera que se lanza resignada
Hacia la derrota inevitable,
Con el corazón como bandera al frente,
Abierto y servido a tu libre albedrio,
Guerra o paz,
Pero prometo que nunca olvido.
Porque quisiera explicarte,
Que los locos no sabemos olvidar,
Mi neurosis me lo reclama
Cada noche antes de dormir:
El olvido no existe
Y eso es ,entre todo, mi amor roto,
El resultado más triste…
Durante mis días, en los que se me congelan los parpados,
Y los pulmones se detienen…
Como esperando a que pase:
Todo eso que a veces no sé si es recuerdo, pesadilla o deseo,
Que pase,
Que truene mi mente,
Y me robe alguna lágrima,
Un poema en blanco sin escribir, o
Si la suerte es buena
Un suspiro largo y pausado;
Simplemente, volver a respirar.
Qué triste me resulta dudar de tu existencia
Pensar que en algún otro lugar
Estas olvidándonos,
Encendiendo luces muy diferentes
A las que prendían mis lunares cuando los tocabas,
Amando con tus armas encubiertas de ternura,
Apuntando a un blanco extraño que
No es ni el cierre de mi falda
Ni el de mi corazón…
Siempre tan lejano y tan pretérito
Como un anhelo que se deshace
Con solo pensarlo,
Tan presente todavía,
Como la ausencia que dejaste
Oprimiéndome las costillas cada vez
Que miro al cielo y no encuentro la luna,
Como el silencio que me ensordece
Cada vez que necesito escuchar tu voz,
Y solo me consuelo con despolvar de la memoria
Los susurros que me regalaste una vez
Y que me empeñe en guardar,
Para cuando tenga ganas de escuchar
Una buena canción:
Tu respiración (…)
Me resulta tan triste, saber que lo que queda
Penda de un hilo
Y la única que lo retiene soy yo,
¿Cómo deshacerme de un sueño cumplido?
¿Cómo olvidarme de un recuerdo sin cumplir?
¿Cómo desprenderme de tus cuchillos?
Si mi dolor sigue llevando tu nombre
Implícito detrás de cada cicatriz…
¿Cómo no desearte?
Si la imagen
De la curva de tu cadera
Afilando la mía a trasluz
Sigue empapando las paredes de mi soledad,
Como condenarte,
Culparte y sentenciarte,
Si ni siquiera me creo todo aquello
De tus disparos directos a mi pecho,
Como aceptar que fue el mismo
Héroe que me salvó,
El autor de la masacre a mis ventrículos,
El mismo que me empujó al precipicio
Del que me levantó con solo una mirada,
¿Para qué me salvaste, si después me ibas a matar?
A veces daría todo lo que tengo
Por ir a buscar de nuevo las respuestas
A tu boca,
Buscar, sabiendo exactamente lo que
Encontraría si lo hiciera;
Un muro de hormigón sobre el
Cual se estrellarían todas mis ganas
De alcanzarte por una última vez más,
Una muralla interminable de imposibilidad,
Rodeando tu corazón,
O lo que sea que guardes debajo
De esa manera tan adictiva que tienes de mirar,
Un cuerpo sin alma ofreciendo
Una entrega incompleta,
Fugaz y embustera
Como una primavera helada, que promete
Flores que mueren antes de nacer
Que no pueden emerger
Sobre tanto hielo
Un encuentro casual
Que sacie un poco tu lascivia
Y alimente mi tristeza para lo que dure
Este invierno que se aproxima,
Y al cual le he provisto de motivos,
Para llover cada domingo.
Una culpa tan grande,
De saberme devota de tu látigo,
Incondicional a mí daño,
Fiel a una ficción cadavérica,
Una enferma de ceguera,
Que por capricho, necedad, o masoquismo,
Sigue aferrándose a un fuego extinto,
A una mirada que ya no es entrada,
Sino barrera.
A una puerta cerrada,
Y a una espera perpetua.
Aun así, iría a buscarnos,
Con toda la euforia kamikaze
De una guerrera que se lanza resignada
Hacia la derrota inevitable,
Con el corazón como bandera al frente,
Abierto y servido a tu libre albedrio,
Guerra o paz,
Pero prometo que nunca olvido.
Porque quisiera explicarte,
Que los locos no sabemos olvidar,
Mi neurosis me lo reclama
Cada noche antes de dormir:
El olvido no existe
Y eso es ,entre todo, mi amor roto,
El resultado más triste…