Rodrigo del Río
El cazador de sueños.
Ella lo saludaba con su hermosa sonrisa, le compraba un periódico y se alejaba altiva; en un danzante caminar.
Él era dichoso solo con capturar ese apreciado instante.
Hoy ya no la ve, y los días se ven marchitos, como su blanco pelo.
Solo de vez en cuando, el semáforo se apiada de su tristeza, la detiene en su veloz andar motorizado; y a lo lejos, logra divisar el rostro que nunca más será su inspiración.
Rodrigo del Río