Negaraliss9.
Poeta recién llegado
Cuando peregrinaba los añejos e interminables caminos
por el camposanto, jamás imaginé poder sentirme acompañada,
pero los espectros arraigados a la pérdida de vida son voraces
e inmaculados, sus atérmicas siluetas pincelan el lienzo del olvido.
Como sacerdote al vino, entré en tu aguerrido y sucio panteón,
de inscripciones borrosas y sombras siseantes, el hedor a
eterna descomposición inauguró la sádica comunión.
Te despojé de tu anciano hogar de madera, apolillado y
desamparado, para recostar tu bello cuerpo sin alma
sobre la hierba, yaciendo inexpresivamente tiesa.
¡El pecado era tan delicioso! Eternos ojos nos observaban,
concretando el carnal y nauseabundo acto libidinoso.
¿Pero quién podía juzgarnos en ese momento?
Me manchaste con tu verde y apestoso amor, con gran honor,
y yo te poseí con lujuria abominable, doblemente escabrosa.
Intoxicados por las vistas hacia los astros atónitos,
hablamos de tiempos que nunca vendrían,
de cómo en tus difuntos senos dormiría.
Y así cuentan los buitres que la carne muerta es privilegiada,
que no debes afligirte por la defunción de una pareja amada.
Gélidas son las entrañas en las que te deposité amor,
aptas para sin nombres abrumados en depresión,
aunque estés muerta, siempre disfrutaremos
nuestro ritual podrido de fornicación.
Por:Negaraliss.por el camposanto, jamás imaginé poder sentirme acompañada,
pero los espectros arraigados a la pérdida de vida son voraces
e inmaculados, sus atérmicas siluetas pincelan el lienzo del olvido.
Como sacerdote al vino, entré en tu aguerrido y sucio panteón,
de inscripciones borrosas y sombras siseantes, el hedor a
eterna descomposición inauguró la sádica comunión.
Te despojé de tu anciano hogar de madera, apolillado y
desamparado, para recostar tu bello cuerpo sin alma
sobre la hierba, yaciendo inexpresivamente tiesa.
¡El pecado era tan delicioso! Eternos ojos nos observaban,
concretando el carnal y nauseabundo acto libidinoso.
¿Pero quién podía juzgarnos en ese momento?
Me manchaste con tu verde y apestoso amor, con gran honor,
y yo te poseí con lujuria abominable, doblemente escabrosa.
Intoxicados por las vistas hacia los astros atónitos,
hablamos de tiempos que nunca vendrían,
de cómo en tus difuntos senos dormiría.
Y así cuentan los buitres que la carne muerta es privilegiada,
que no debes afligirte por la defunción de una pareja amada.
Gélidas son las entrañas en las que te deposité amor,
aptas para sin nombres abrumados en depresión,
aunque estés muerta, siempre disfrutaremos
nuestro ritual podrido de fornicación.
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