Aria Byron
Poeta recién llegado
Amor. Yo solo amé una vez. Bueno, mentira, hubo más, pero solo una según el concepto actual del amor. Solo una vez me permití sentir atracción por alguien a quien amaba, tener fantasías, desearla. Sucedió porque no fui capaz de evitarlo, porque, a diferencia de en ocasiones anteriores o posteriores, era demasiado inocente para percatarme de los inicios del deseo, pero no lo suficiente para, una vez aparecido e instalado, ignorar su significado o evitar las fantasías. Y así ocurrió que, sentía amor, sentía atracción, por una misma persona. Perfecto, cuando la persona corresponde, hiriente cuando no. Tuve suerte, en parte, porque ella me amaba, creo que tanto como yo, pero no se sentía atraída por mí. Miento, no lo sé, pero sé que nunca lo pensó siquiera, porque yo era mujer, como ella.
Ahora, pasado el tiempo, creo que ella no lo consideró porque eso no era algo que pudiera ocurrirsele, nunca lo había visto, también fue, creo, porque es mayoritariamente hetero, al menos eso parece, mirando atrás. Pero hace no mucho, un día me dijo que se lo había planteado, incluso que se sentía curiosa, y quería probar que se sentiría estar con una chica, en una relación, en el sexo.
Creo que, de haber aparecido esa curiosidad, esa puerta abierta, que solo las personas abiertas de mente dejan, cuando apareció mi deseo y yo la amaba como lo sigo haciendo, hubiera tenido una oportunidad. Una oportunidad para explorar nuevas formas de mostrar mi afecto, reservadas solo a parejas. Una oportunidad para explorar mi deseo, y como expresarlo y saciarlo, terreno semidesconocido para mí en ese entonces. Y sobre todo, una oportunidad para dejar salir todo lo que había en mi interior, que en ocasiones me dañaba por querer ocultarlo, reprimirlo. Esto último es lo más importante, porque si hubiera tenido esa oportunidad, mi relación con ella no se hubiera deteriorado debido a mi intento de esconder mi atracción, y mi deseo de tener, lo que se considera típicamente, una relación de pareja.
Entonces, ahora, esperaba y espero que a nadie le pase lo mismo, que, por la poca educación que hay a los niños y a los adolescentes sobre las distintas posibilidades que ofrece la vida, no se pierda ninguna oportunidad, porque la vida es corta, y a veces, esa oportunidad nunca se repite.
Ahora, pasado el tiempo, creo que ella no lo consideró porque eso no era algo que pudiera ocurrirsele, nunca lo había visto, también fue, creo, porque es mayoritariamente hetero, al menos eso parece, mirando atrás. Pero hace no mucho, un día me dijo que se lo había planteado, incluso que se sentía curiosa, y quería probar que se sentiría estar con una chica, en una relación, en el sexo.
Creo que, de haber aparecido esa curiosidad, esa puerta abierta, que solo las personas abiertas de mente dejan, cuando apareció mi deseo y yo la amaba como lo sigo haciendo, hubiera tenido una oportunidad. Una oportunidad para explorar nuevas formas de mostrar mi afecto, reservadas solo a parejas. Una oportunidad para explorar mi deseo, y como expresarlo y saciarlo, terreno semidesconocido para mí en ese entonces. Y sobre todo, una oportunidad para dejar salir todo lo que había en mi interior, que en ocasiones me dañaba por querer ocultarlo, reprimirlo. Esto último es lo más importante, porque si hubiera tenido esa oportunidad, mi relación con ella no se hubiera deteriorado debido a mi intento de esconder mi atracción, y mi deseo de tener, lo que se considera típicamente, una relación de pareja.
Entonces, ahora, esperaba y espero que a nadie le pase lo mismo, que, por la poca educación que hay a los niños y a los adolescentes sobre las distintas posibilidades que ofrece la vida, no se pierda ninguna oportunidad, porque la vida es corta, y a veces, esa oportunidad nunca se repite.