Rey de la Patagonia
Poeta adicto al portal
El silencio luce un brillo
indescriptible,
lujoso tiempo para pensar en ti,
quisiera que me acompañe la lluvia
pero la lluvia no llego.
Quisiera un dolor más fuerte
en medio de este sol tropical
que me envuelve,
un reloj detenido
una brisa tenue
mi guitarra con cuerdas nuevas,
quisiera.
¿Memorias?, no,
más bien son cicatrices las que vuelan,
encerrado entre mil rejas
un recuerdo se retuerce por ser libre,
arrastra sus cadenas
y no sabe cómo mentirme.
…
Entre las campanadas de las nueve
unos ojos aparecen,
unos ojos tristes, lejanos,
amados y olvidados,
aparecen justo a las nueve.
Me molesta la letanía de tus ojos verdes
me pongo de pie
y cierro todas las cortinas de la casa,
busco un libro en la biblioteca
y ordeno las sillas de la mesa del comedor,
el whisky de la licorera me ofrece
un beso ardiente y lo acepto
en tu ausencia.
El libro en mis manos fenece
y acepto que me falta todo el sur
del continente,
no mereces el recuerdo
pero vuelves y vuelves
y te imagino toda de nuevo.
Cruce océanos de tiempo
para alejarme de ti,
fui hasta el fin del universo
para no pensar en ti,
he llegado tan lejos
negándote y lo admito,
y no te apartas de mí.
Sigilosa como la niebla
y perenne con las hojas de un espino,
que te puedo decir desde mi nuevo mundo,
a quien le puedo negar que aún habitas
en mi archivo secreto, solo a mí.
¿Me venciste?
No
¿Te vencí?
No
¿Eres feliz?
No
¿Soy Feliz?
No
…
MI reloj se detuvo a las nueve
quería la lluvia y no llego,
¿recuerdos?, ¿cicatrices? O amor…
es AMOR, aunque me duela admitirlo.
indescriptible,
lujoso tiempo para pensar en ti,
quisiera que me acompañe la lluvia
pero la lluvia no llego.
Quisiera un dolor más fuerte
en medio de este sol tropical
que me envuelve,
un reloj detenido
una brisa tenue
mi guitarra con cuerdas nuevas,
quisiera.
¿Memorias?, no,
más bien son cicatrices las que vuelan,
encerrado entre mil rejas
un recuerdo se retuerce por ser libre,
arrastra sus cadenas
y no sabe cómo mentirme.
…
Entre las campanadas de las nueve
unos ojos aparecen,
unos ojos tristes, lejanos,
amados y olvidados,
aparecen justo a las nueve.
Me molesta la letanía de tus ojos verdes
me pongo de pie
y cierro todas las cortinas de la casa,
busco un libro en la biblioteca
y ordeno las sillas de la mesa del comedor,
el whisky de la licorera me ofrece
un beso ardiente y lo acepto
en tu ausencia.
El libro en mis manos fenece
y acepto que me falta todo el sur
del continente,
no mereces el recuerdo
pero vuelves y vuelves
y te imagino toda de nuevo.
Cruce océanos de tiempo
para alejarme de ti,
fui hasta el fin del universo
para no pensar en ti,
he llegado tan lejos
negándote y lo admito,
y no te apartas de mí.
Sigilosa como la niebla
y perenne con las hojas de un espino,
que te puedo decir desde mi nuevo mundo,
a quien le puedo negar que aún habitas
en mi archivo secreto, solo a mí.
¿Me venciste?
No
¿Te vencí?
No
¿Eres feliz?
No
¿Soy Feliz?
No
…
MI reloj se detuvo a las nueve
quería la lluvia y no llego,
¿recuerdos?, ¿cicatrices? O amor…
es AMOR, aunque me duela admitirlo.