Javier Castillo Aparicio
Poeta recién llegado
Amores a distancia nunca matan,
pero mueren. La tortura es terrible
cuanto más el corazón es sensible.
Las horas en soledad se arrebatan
en no más compañía que el silencio.
Eso es. Nada más. Silencio.
El silencio, que me trae tu presencia
de mentira, fantasía y engaño,
que no por más lejano es más tacaño
el amor, que me ciega de tu ausencia
y sin verdad, y con mentira, ama.
Mi esperanza se derrama.
Mi esperanza esparcida por los ojos
de la noche. Lágrimas al viënto,
que cruzarán la mañana en evento
de quien salve andar con los dos pies cojos.
Por la noche amo, por el día no.
Pero entonces, ¿quién soy yo?
pero mueren. La tortura es terrible
cuanto más el corazón es sensible.
Las horas en soledad se arrebatan
en no más compañía que el silencio.
Eso es. Nada más. Silencio.
El silencio, que me trae tu presencia
de mentira, fantasía y engaño,
que no por más lejano es más tacaño
el amor, que me ciega de tu ausencia
y sin verdad, y con mentira, ama.
Mi esperanza se derrama.
Mi esperanza esparcida por los ojos
de la noche. Lágrimas al viënto,
que cruzarán la mañana en evento
de quien salve andar con los dos pies cojos.
Por la noche amo, por el día no.
Pero entonces, ¿quién soy yo?