PrincesAna
Poeta recién llegado
Nadie escucha los gritos,
Que en silencio nos desgarran por dentro,
Prefieren no darse cuenta de la realidad,
Prefieren no darse cuenta de que estamos muriendo.
La superficialidad nos va consumiendo,
La lucha por la perfección nos va destruyendo,
Las ganas de ser delgadas nos va corrompiendo,
Y a nuestra mentora Ana vamos siguiendo.
Con sus regaños en nuestra mente,
La seguimos ciegamente,
La seguimos a ese acantilado,
Del cual nos empuja fríamente.
Solo ella nos quiere,
Solo ella nos entiende,
Solo con ella contamos,
Por ella lentamente nos suicidamos.
Mía, la que nos rescata,
En momentos de flaqueza nos recata,
En nuestra garganta queda el castigo,
Castigo bien merecido por haber comido.
Ana nos habla en un tono que solo nosotras escuchamos,
Mientras Mía solo nos dice que seamos buenas y hagamos caso,
Son nuestras diosas, nuestras mentoras, nuestras verdugas.
Gracias a las cuales a veces solo quisiéramos darnos la fuga.
La comida, nuestra enemiga,
La bascula, quien nos rige.
Ana, quien nos exige.
Muerte sublime,
Llegas junto a nuestra perfección,
Nos sacas de este eterno tormento,
Llevándonos a un mundo ensueño.
Hasta el espejo nos miente,
Nos miente la gente,
Estamos solas contigo,
Muriendo de frío.
El agua,
Nuestro desayuno, almuerzo y cena,
Nada nos libera,
Ni aun cuando llegamos a la meta.
Queremos llegar a ese preciado 0,
Talla 0,
Peso 0,
Felicidad 0.
Que en silencio nos desgarran por dentro,
Prefieren no darse cuenta de la realidad,
Prefieren no darse cuenta de que estamos muriendo.
La superficialidad nos va consumiendo,
La lucha por la perfección nos va destruyendo,
Las ganas de ser delgadas nos va corrompiendo,
Y a nuestra mentora Ana vamos siguiendo.
Con sus regaños en nuestra mente,
La seguimos ciegamente,
La seguimos a ese acantilado,
Del cual nos empuja fríamente.
Solo ella nos quiere,
Solo ella nos entiende,
Solo con ella contamos,
Por ella lentamente nos suicidamos.
Mía, la que nos rescata,
En momentos de flaqueza nos recata,
En nuestra garganta queda el castigo,
Castigo bien merecido por haber comido.
Ana nos habla en un tono que solo nosotras escuchamos,
Mientras Mía solo nos dice que seamos buenas y hagamos caso,
Son nuestras diosas, nuestras mentoras, nuestras verdugas.
Gracias a las cuales a veces solo quisiéramos darnos la fuga.
La comida, nuestra enemiga,
La bascula, quien nos rige.
Ana, quien nos exige.
Muerte sublime,
Llegas junto a nuestra perfección,
Nos sacas de este eterno tormento,
Llevándonos a un mundo ensueño.
Hasta el espejo nos miente,
Nos miente la gente,
Estamos solas contigo,
Muriendo de frío.
El agua,
Nuestro desayuno, almuerzo y cena,
Nada nos libera,
Ni aun cuando llegamos a la meta.
Queremos llegar a ese preciado 0,
Talla 0,
Peso 0,
Felicidad 0.
princesa...