jocastilla
Poeta recién llegado
Con el eco de una guerra lejana,
la simiente de mis padres se unió,
se bañó en agua tibia de acuario dulce
para nadar como un pez.
Se convirtió en vid con raíz firme,
de sarmientos y racimos generosos:
dos vidas en una hasta dividirse
y salir a la luz entre algodones.
Después de submarina, vida sonora
con eco remoto de la crianza infantil:
placeres aprendidos sin placenta,
con caricias y abrazos prestados
hasta llegar a sentirse incómodo en casa.
La planta se oreó entre plataneros,
entre pinos de la Dehesa de la Villa
y a orillas de la ría de Arousa;
se vendimió con rezos de empollón
entre blancos baberos maristas;
se embotelló entre sotanas jesuíticas
y se etiquetó con una licencia universitaria.
Se gastó con vino en la docencia
con adolescentes gallegos,
extremeños y madrileños.
Fueron sonidos de ese descorche
la frustración tolerada,
el amor apasionado,
el pensamiento lúdico,
sufrimiento imprescindible
y un yo único e irrepetible.
Queda aún una barrica
que conserva la madre de tres retoños.
Su sabor es más fuerte,
más penetrante su aroma,
su color más oscuro.
más consistente su textura,
su composición más rica y
su cuerpo más robusto...
la simiente de mis padres se unió,
se bañó en agua tibia de acuario dulce
para nadar como un pez.
Se convirtió en vid con raíz firme,
de sarmientos y racimos generosos:
dos vidas en una hasta dividirse
y salir a la luz entre algodones.
Después de submarina, vida sonora
con eco remoto de la crianza infantil:
placeres aprendidos sin placenta,
con caricias y abrazos prestados
hasta llegar a sentirse incómodo en casa.
La planta se oreó entre plataneros,
entre pinos de la Dehesa de la Villa
y a orillas de la ría de Arousa;
se vendimió con rezos de empollón
entre blancos baberos maristas;
se embotelló entre sotanas jesuíticas
y se etiquetó con una licencia universitaria.
Se gastó con vino en la docencia
con adolescentes gallegos,
extremeños y madrileños.
Fueron sonidos de ese descorche
la frustración tolerada,
el amor apasionado,
el pensamiento lúdico,
sufrimiento imprescindible
y un yo único e irrepetible.
Queda aún una barrica
que conserva la madre de tres retoños.
Su sabor es más fuerte,
más penetrante su aroma,
su color más oscuro.
más consistente su textura,
su composición más rica y
su cuerpo más robusto...