Renatto
Poeta recién llegado
El invierno entumecía mi ser, cuando a medio sorbo de un café, congelado había quedado; irritantes y acelerados latidos, sus ojos parecían venidos de abril, pasivo y relevante, decidido y obstinado, había salido a destilar el ánimo, apoyándome en un cigarro, caminando sin prisa, escabullido en mí ser, no entendía lo que sucedía, tenía los sentidos paralizados, el cuerpo no encontraba el alma, mis ojos no eran ojos, y mi yo, ya no era yo.
Comprendería que existen personas, que no deberían encontrarse ni por omisión, ni por coincidencia, que el mundo persigue al romántico como secuela de algún maltrato ancestral, intentando golpear su instinto hasta la muerte, si no es más.
Complaciente tarde aquella, me permití caminar hacia la mar, meditando aquel impacto, zozobré, a cada paso la recordaba, inclusive la sentía andar, ennoblecida quedo mi coraza, pues no había lugar para amar.
Maquillaba de mar sus parpados, refrescaba la brisa al pensar, y aunque andaba meditando, una historia eterna vi pasar. el ocaso había llegado, no podía continuar, la noche sería eterna, mi cama no bastaría, antes caería loco que ver un nuevo día empezar.
Como lo relativo de lo obvio, la vida había de continuar, sesgando capricho, decidí a mi aposento retornar, sentía el pecho frio, el ansia quería anclarme al mar, suspire con los ojos a media asta, levante la frente, sequé mis lágrimas, pensé en lo duro del destino, pensé en sus labios al besar, pensé en que estaba dormido, le tome al silencio una mitad.
Mordí mis labios con extrema fuerza, solté un grito que me logro calmar, pero adentro mío, aún había soledad.
Comprendería que existen personas, que no deberían encontrarse ni por omisión, ni por coincidencia, que el mundo persigue al romántico como secuela de algún maltrato ancestral, intentando golpear su instinto hasta la muerte, si no es más.
Complaciente tarde aquella, me permití caminar hacia la mar, meditando aquel impacto, zozobré, a cada paso la recordaba, inclusive la sentía andar, ennoblecida quedo mi coraza, pues no había lugar para amar.
Maquillaba de mar sus parpados, refrescaba la brisa al pensar, y aunque andaba meditando, una historia eterna vi pasar. el ocaso había llegado, no podía continuar, la noche sería eterna, mi cama no bastaría, antes caería loco que ver un nuevo día empezar.
Como lo relativo de lo obvio, la vida había de continuar, sesgando capricho, decidí a mi aposento retornar, sentía el pecho frio, el ansia quería anclarme al mar, suspire con los ojos a media asta, levante la frente, sequé mis lágrimas, pensé en lo duro del destino, pensé en sus labios al besar, pensé en que estaba dormido, le tome al silencio una mitad.
Mordí mis labios con extrema fuerza, solté un grito que me logro calmar, pero adentro mío, aún había soledad.