He marcado el racimo de tu risa, con el asfalto negro del silencio.
Y tu te recostabas en los relojes tuertos.
He ceñido el deseo con bengalas azules.
Y tu colerizabas la rosa del desvelo.
Anda y ve. Colapsando la tarde sin espejos.
Hendidura friolenta del cobertizo claro,
cuando el espejo parte su luz almidonada.
Somos el ámbito feliz. Los carnívoros del beso.
Todo calor empapa la raíz del suspiro.
Anda y ve. La realidad jadea entre los brazos mudos,
por la eléctrica sonda de un amor inmutable,
que avizora la grieta de los muros descalzos.
Y tu te recostabas en los relojes tuertos.
He ceñido el deseo con bengalas azules.
Y tu colerizabas la rosa del desvelo.
Anda y ve. Colapsando la tarde sin espejos.
Hendidura friolenta del cobertizo claro,
cuando el espejo parte su luz almidonada.
Somos el ámbito feliz. Los carnívoros del beso.
Todo calor empapa la raíz del suspiro.
Anda y ve. La realidad jadea entre los brazos mudos,
por la eléctrica sonda de un amor inmutable,
que avizora la grieta de los muros descalzos.