josepanton
Poeta recién llegado
Andábamos alegres como dos vacas oyendo música,
se arrugaron las camisas, volaron los pantalones.
La casa ebullecía con ruidos de enjambre.
De pronto: Un zumbido hiriente emitieron los racimos.
Y cuando quisimos construir nuestra dicha,
con la paciencia y sensatez de un ciego;
surgieron amargas lenguas deseando nuestra derrota;
vendiéndonos bellísimas flores recapadas con espinas.
Pobres solteronas picoteadas de viruela;
recluidas en histéricas torres sin ventanas;
empeñadas, en seguir fingiendo sus orgasmos.
Que nadie se atreva a ofrecernos consejos.
Qué nadie murmure palabras ajenas.
Nuestro amor tiene la eternidad de la lluvia o un beso
se arrugaron las camisas, volaron los pantalones.
La casa ebullecía con ruidos de enjambre.
De pronto: Un zumbido hiriente emitieron los racimos.
Y cuando quisimos construir nuestra dicha,
con la paciencia y sensatez de un ciego;
surgieron amargas lenguas deseando nuestra derrota;
vendiéndonos bellísimas flores recapadas con espinas.
Pobres solteronas picoteadas de viruela;
recluidas en histéricas torres sin ventanas;
empeñadas, en seguir fingiendo sus orgasmos.
Que nadie se atreva a ofrecernos consejos.
Qué nadie murmure palabras ajenas.
Nuestro amor tiene la eternidad de la lluvia o un beso