Fernando Conze
Poeta recién llegado
Camino tan solo al borde del tiempo, y del silencio.
Le cambie la suela a los zapatos por una nube de callado rocío.
Mi corazón se siente. Bombea tu fantasma en mis venas.
Lo siento en el pecho, trepida, pero no lo escucho.
Ni en el pecho, ni en los pasos, se encuentra una nota. Silencio.
En el limite del tiempo, la oscuridad hurta todas las bellas voces.
Camino sin suelas por la noche, como circula tu recuerdo sin voz por mi carne.
Mudamente le robo tiempo al tiempo esta madrugada.
Salí a dar un paseo, y pase por debajo del sereno en tu ventana.
El cristal te protege del frío silencio, se convierte en frontera.
Aqui afuera
me impide, me calla, me decolora entre sombras, me anula.
De este lado un ensordecedor sigilo, allí la paz de tu respiración.
Aquí la oscuridad vuelve invisible, y todo es negra transparencia.
Allí bajo tus cobijas un fragmento de carne de luna, brilla.
Todos los astros ausentes en el firmamento, refulgen sobre tu cama.
Aquí tanto frió apuñalandome. Allí tu espalda selenitosa es tibia,
Allí debería mi pecho helado temperar su cardíaco silencio.
Tu ventana divide; Allí quietud viva, aquí errante nulidad.
Sigo caminando, la cobriza luz de una farola me descubre,
plasma sobre el suelo mi sombra, holgada silueta.
Mi sombra se vuelve manecilla en el circulo amarillo,
el poste es el centro de dicha circunferencia, Reloj.
Al rebasar por mi derecha la erguida fuente de luz
mi sombra marca la trayectoria de una manecilla. Es tiempo.
Y salgo del terrible engaño, y me abofetea la verdad, me escupe,
No cesó el tiempo nunca, sólo se escondió y guardo silencio,
Pero pérfido enemigo, siguió caminando toda la madrugada.
Junto a mi, y también transcurrió el tictac sin mi sobre tu cama.
Una noche más a la vastedad de horas que no paso a tu lado.
Horas más de frió y ausencia.
Le cambie la suela a los zapatos por una nube de callado rocío.
Mi corazón se siente. Bombea tu fantasma en mis venas.
Lo siento en el pecho, trepida, pero no lo escucho.
Ni en el pecho, ni en los pasos, se encuentra una nota. Silencio.
En el limite del tiempo, la oscuridad hurta todas las bellas voces.
Camino sin suelas por la noche, como circula tu recuerdo sin voz por mi carne.
Mudamente le robo tiempo al tiempo esta madrugada.
Salí a dar un paseo, y pase por debajo del sereno en tu ventana.
El cristal te protege del frío silencio, se convierte en frontera.
Aqui afuera
me impide, me calla, me decolora entre sombras, me anula.
De este lado un ensordecedor sigilo, allí la paz de tu respiración.
Aquí la oscuridad vuelve invisible, y todo es negra transparencia.
Allí bajo tus cobijas un fragmento de carne de luna, brilla.
Todos los astros ausentes en el firmamento, refulgen sobre tu cama.
Aquí tanto frió apuñalandome. Allí tu espalda selenitosa es tibia,
Allí debería mi pecho helado temperar su cardíaco silencio.
Tu ventana divide; Allí quietud viva, aquí errante nulidad.
Sigo caminando, la cobriza luz de una farola me descubre,
plasma sobre el suelo mi sombra, holgada silueta.
Mi sombra se vuelve manecilla en el circulo amarillo,
el poste es el centro de dicha circunferencia, Reloj.
Al rebasar por mi derecha la erguida fuente de luz
mi sombra marca la trayectoria de una manecilla. Es tiempo.
Y salgo del terrible engaño, y me abofetea la verdad, me escupe,
No cesó el tiempo nunca, sólo se escondió y guardo silencio,
Pero pérfido enemigo, siguió caminando toda la madrugada.
Junto a mi, y también transcurrió el tictac sin mi sobre tu cama.
Una noche más a la vastedad de horas que no paso a tu lado.
Horas más de frió y ausencia.