Ando feliz.

Fernando Oviedo

Mirando el cenit de hace medio día.
Andando al borde del camino y la belleza inexorable de su destino:
De elevada melodía, de apoyos, de grietas, de reflejos, de listones de barra, engullendo choclillos y quesillos y panecillos y más, asomará frontal como varianza de opuestos cerillos largos, introito de treta de libreto, como riquísimo embrollo quebrado, a remostar pareados, sobre surcos enhebrados en literas de carretón, en bardo oscuro, en aclaradas hebrillas, salido de fragancia bullanguera, como mirando redondo, como gritando sus tempestades entre imaginados báculos e insertos de ocasión lúdica, entradito va, hacia miradita sonrojada, eras dos momentos; ahora queda una, labrada en cielo nocturno con brillo de marras: ¿Qué si queda eternidad?
 
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Andando al borde del camino y la belleza inexorable de su destino:
De elevada melodía, de apoyos, de grietas, de reflejos, de listones de barra, engullendo choclillos y quesillos y panecillos y más, asomará frontal como varianza de opuestos cerillos largos, introito de treta de libreto, como riquísimo embrollo quebrado, a remostar pareados, sobre surcos enhebrados en literas de carretón, en bardo oscuro, en aclaradas hebrillas, salido de fragancia bullanguera, como mirando redondo, como gritando sus tempestades entre imaginados báculos e insertos de ocasión lúdica, entradito va, hacia miradita sonrojada, eras dos momentos; ahora queda una, labrada en cielo nocturno con brillo de marras: ¿Qué si queda eternidad?
Esa mirada que confluye en una esencia eterna..., la duda final abre el
camino para la suculenta expresividad de las lineas anteriores.
En ese infinito pueden estar las resuestas. me gustó.
saludos amables de luzyabsenta
 
Andando al borde del camino y la belleza inexorable de su destino:
De elevada melodía, de apoyos, de grietas, de reflejos, de listones de barra, engullendo choclillos y quesillos y panecillos y más, asomará frontal como varianza de opuestos cerillos largos, introito de treta de libreto, como riquísimo embrollo quebrado, a remostar pareados, sobre surcos enhebrados en literas de carretón, en bardo oscuro, en aclaradas hebrillas, salido de fragancia bullanguera, como mirando redondo, como gritando sus tempestades entre imaginados báculos e insertos de ocasión lúdica, entradito va, hacia miradita sonrojada, eras dos momentos; ahora queda una, labrada en cielo nocturno con brillo de marras: ¿Qué si queda eternidad?
Lo veo más como un poema que como una prosa; pero igualmente me gustó el resultado.
La felicidad trae sus caminos propios; la eternidad quedará para luego.

Un saludote, Fernando, desde el presente.
 

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