cignacio_
Poeta recién llegado
Bueno, acabo de registrarme en el foro, espero que les guste mi primer aporte 
Ángel Carmesí
Tú y yo tal vez fuimos víctimas
o quizás malaventurados
causando nuestra primavera desangrada
antes de tiempo y lamentamos
cual colibrí sin su glorioso y adictivo néctar.
Nos unificamos en la tragedia de dos ángeles
¡Oh tú, que eres encarnación de Artemisa desnuda!
en tu pecho febril hice estallar en llanto
a los pobres mártires que en silencio sueñan.
Y al pasar las lluvias infinitas
y las lunas rojas malditas
tú dices: “Preveo nuestro final, cual error de aquel
que no puede encontrar, el fruto amargo en la lasitud”
ese fruto que alguna vez vida tuvo
es lo que los endemoniados llamamos Amor.
Vibré del miedo el día en que me dijiste:
“Tomad mi mano, ángel mío”
llevándome a nuestro nido Pandemónium
donde nos incendiamos en goce divino
y embriagábamos nuestras almas
en lo más profundo e infinito.
En la euforia de nuestras desdichas
te realicé mis últimas súplicas y ruegos:
“Oh, dulce virgen de obscuro semblante
dejadme cantarte mis tristes letanías”
Sonaron ya mudas las campanas
la medianoche en paz se halla
sólo puedo recordar lo que descifré en tus labios
mientras en mi cuerpo con tu dulzura
abrías las sangrientas llagas
“Oh tú, ¡veneno liberador y amante eterno!”
Me susurrarás en la última instancia
cuando mi alma se deslice entre tus dedos
te ahogaré en lo profundo de mis creencias
para que te quedes en paz.
Ángel Carmesí
Tú y yo tal vez fuimos víctimas
o quizás malaventurados
causando nuestra primavera desangrada
antes de tiempo y lamentamos
cual colibrí sin su glorioso y adictivo néctar.
Nos unificamos en la tragedia de dos ángeles
¡Oh tú, que eres encarnación de Artemisa desnuda!
en tu pecho febril hice estallar en llanto
a los pobres mártires que en silencio sueñan.
Y al pasar las lluvias infinitas
y las lunas rojas malditas
tú dices: “Preveo nuestro final, cual error de aquel
que no puede encontrar, el fruto amargo en la lasitud”
ese fruto que alguna vez vida tuvo
es lo que los endemoniados llamamos Amor.
Vibré del miedo el día en que me dijiste:
“Tomad mi mano, ángel mío”
llevándome a nuestro nido Pandemónium
donde nos incendiamos en goce divino
y embriagábamos nuestras almas
en lo más profundo e infinito.
En la euforia de nuestras desdichas
te realicé mis últimas súplicas y ruegos:
“Oh, dulce virgen de obscuro semblante
dejadme cantarte mis tristes letanías”
Sonaron ya mudas las campanas
la medianoche en paz se halla
sólo puedo recordar lo que descifré en tus labios
mientras en mi cuerpo con tu dulzura
abrías las sangrientas llagas
“Oh tú, ¡veneno liberador y amante eterno!”
Me susurrarás en la última instancia
cuando mi alma se deslice entre tus dedos
te ahogaré en lo profundo de mis creencias
para que te quedes en paz.
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