Salvatierra
Poeta recién llegado
Te desmoronas en ti misma,
y la bandera en tus naciones
ha terminado hecha jirones,
junto a tu forzada sonrisa.
Incluso en todos los momentos
que siento que no te quiero,
(perdona, debo ser sincero)
admiro tus sentimientos.
Te deshaces, mártir, en llanto,
y a veces, desnuda, en sudor.
Eres la sal en mi comedor;
la voz marchita en mi canto.
Incluso en ruinas tus ciudades,
bajo el fuego que he sembrado,
quedan salvas tus cualidades,
tu orgasmo dentro de mis brazos
y tu ausencia de vanidades.
Tus bragas ya no tendrán sentido,
sosiegas, sin vida, desangradas,
quietas, por mi boca derrotadas.
Musa hueca, tu imperio fue vencido.
Tu carne vibra bajo mi piel,
y con dolor me pregunto al final:
de los dos quién ha sido quién;
¿quién es aquí el ángel carnal?
Al final del conteo de los daños,
sangre, besos, desdén, llanto y risas,
¿algo en tu memoria estará claro?
O repararás sólo en tu prisa.
He tomado un largo trago de hiel
y vuelvo a preguntar al final,
de los dos quién ha sido quién.
Quién es aquí el ángel carnal.
He de decir adiós en algún momento,
eso es parte de las historias más grandes;
debo dejar el solemne monumento
de tu existencia dual: madre y amante.
Después del llanto y amnistía de las mentiras
partirás pronta olvidando mis modos de amar
y sabré quizá quién fue el ángel carnal
que trasmutó en humana su piel divina.
y la bandera en tus naciones
ha terminado hecha jirones,
junto a tu forzada sonrisa.
Incluso en todos los momentos
que siento que no te quiero,
(perdona, debo ser sincero)
admiro tus sentimientos.
Te deshaces, mártir, en llanto,
y a veces, desnuda, en sudor.
Eres la sal en mi comedor;
la voz marchita en mi canto.
Incluso en ruinas tus ciudades,
bajo el fuego que he sembrado,
quedan salvas tus cualidades,
tu orgasmo dentro de mis brazos
y tu ausencia de vanidades.
Tus bragas ya no tendrán sentido,
sosiegas, sin vida, desangradas,
quietas, por mi boca derrotadas.
Musa hueca, tu imperio fue vencido.
Tu carne vibra bajo mi piel,
y con dolor me pregunto al final:
de los dos quién ha sido quién;
¿quién es aquí el ángel carnal?
Al final del conteo de los daños,
sangre, besos, desdén, llanto y risas,
¿algo en tu memoria estará claro?
O repararás sólo en tu prisa.
He tomado un largo trago de hiel
y vuelvo a preguntar al final,
de los dos quién ha sido quién.
Quién es aquí el ángel carnal.
He de decir adiós en algún momento,
eso es parte de las historias más grandes;
debo dejar el solemne monumento
de tu existencia dual: madre y amante.
Después del llanto y amnistía de las mentiras
partirás pronta olvidando mis modos de amar
y sabré quizá quién fue el ángel carnal
que trasmutó en humana su piel divina.