Lord Vélfragor
Poeta adicto al portal
Aplaca tus alas,
con la feroz espada,
que se resguarde en tu cinto,
negras plumas,
negros ojos,
Pupilas ardientes,
que queman lacerante,
bajo las formas femeninas,
con la lujuria envainada,
en besos filosos,
Largo cabello libre,
hermosa figura perfecta,
con lo salvaje inscrito en piel,
con el tatuaje dorado,
¡Brilla el confín!
de noche atribulada al desprecio,
que escupe en la negrura,
el espeso salivar de la derrota...
Marcando con sangre al débil,
llenando de fuego al adversario,
con talismán de piedra,
reloj de arena...
Sutiles compañías,
perdidas entre batallas,
que no despiertan tu apetito,
lo carnal ha pasado,
lo divino te espera,
Aún en blanco cenizo,
que arranca uno a uno tus sentires,
que has olvidado fuiste mujer,
entregada y abnegada...
Empuñas la espada,
clavas la lanza,
bajo el carruaje de hielo,
con estandarte de tierra o de ¿cielo?
Irrumpes mi morada,
con la cálida venganza,
declarada por voz idiota,
sin saber si sos tú...
sin saber si soy yo...
¡Venid y tomad mi cabeza!
¡Con la lengua expuesta!
que el camino esta hecho,
por paja... por barro,
¿Da igual no?...
Ángel mortuorio,
termina tu obra,
más no estaré de rodillas,
estaré en tu mirada...
Al pasar a la siguiente morada,
¿Será que te vuelva a encontrar?
¡Pequeña mujer amada!...
L.V.
con la feroz espada,
que se resguarde en tu cinto,
negras plumas,
negros ojos,
Pupilas ardientes,
que queman lacerante,
bajo las formas femeninas,
con la lujuria envainada,
en besos filosos,
Largo cabello libre,
hermosa figura perfecta,
con lo salvaje inscrito en piel,
con el tatuaje dorado,
¡Brilla el confín!
de noche atribulada al desprecio,
que escupe en la negrura,
el espeso salivar de la derrota...
Marcando con sangre al débil,
llenando de fuego al adversario,
con talismán de piedra,
reloj de arena...
Sutiles compañías,
perdidas entre batallas,
que no despiertan tu apetito,
lo carnal ha pasado,
lo divino te espera,
Aún en blanco cenizo,
que arranca uno a uno tus sentires,
que has olvidado fuiste mujer,
entregada y abnegada...
Empuñas la espada,
clavas la lanza,
bajo el carruaje de hielo,
con estandarte de tierra o de ¿cielo?
Irrumpes mi morada,
con la cálida venganza,
declarada por voz idiota,
sin saber si sos tú...
sin saber si soy yo...
¡Venid y tomad mi cabeza!
¡Con la lengua expuesta!
que el camino esta hecho,
por paja... por barro,
¿Da igual no?...
Ángel mortuorio,
termina tu obra,
más no estaré de rodillas,
estaré en tu mirada...
Al pasar a la siguiente morada,
¿Será que te vuelva a encontrar?
¡Pequeña mujer amada!...
L.V.