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Ángel González

Tema en 'Biblioteca de Poetas consagrados en verso libre' comenzado por lluvia de enero, 16 de Mayo de 2015. Respuestas: 0 | Visitas: 1060

  1. lluvia de enero

    lluvia de enero Simplemente mujer

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    Ángel González


    Ángel González Muñiz (1925-2008), poeta español considerado como uno de los máximos representantes de la denominada "poesía social" entre los poetas de la Generación del 50. Nació en Oviedo el 6 de septiembre de 1925. Su infancia quedó marcada por la temprana muerte de su padre, cuando él tenía 18 meses, y su adolescencia y primera juventud, por la Guerra Civil: el asesinato de uno de los hermanos, el exilio de otro y la prohibición de enseñar que pesa sobre la hermana condicionan, no sólo su existencia, sino también su obra poética.
    En 1943 enfermó de tuberculosis y viajó a León para su recuperación, donde residió tres años. Durante la convalescencia comenzó a escribir poemas.
    Se licenció en Derecho, ejerció de maestro en los montes de León, y después, ya como funcionario, vivió en Madrid, Sevilla y Barcelona. Su vida laboral está ligada a la docencia, el periodismo y la escritura.

    En 1956 publicó su primer libro"Áspero Mundo", por el que obtuvo el accésit del prestigioso Premio Adonais de poesía. Llegaron después sus siguientes poemarios: Sin Esperanza, con convencimiento (1961), Grado Elemental (1962), Palabra sobre palabra (1965) y Tratado de Urbanismo (1967). En 1968 publicó una recopilación de su poesía completa.

    Su obra es una mezcla de intimismo y poesía social, con un particular y característico toque irónico, y trata asuntos cotidianos con un lenguaje coloquial y urbano, nada neopopularista ni localista. El paso del tiempo y la temática amorosa y cívica son temas recurrentes en sus poemas, de tinte melancólico pero optimistas.

    En 1985 obtuvo el Premio Príncipe de Asturias de las Letras y en 1996 consiguió el Premio Reina Sofía de Poesía; ese mismo año ingresó en la Real Academia Española.
    En julio de 1989 fue galardonado con el Premio Ángel María de Lera de Literatura, que otorga el departamento de español y portugués de la Universidad de Colorado (Estados Unidos), y ese mismo año, Andrew Aubicki publicó una antología de su poesía precedida de un extenso ensayo en la colección Los poetas.
    En 1996 fue elegido miembro de la Real Academia Española de la Lengua, ese mis año fue galardonado con el V Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana como "reconocimiento al conjunto de su obra y de sus aportaciones a la poesía española".
    En 2004 fue galardonado con el Premio de Poesía Federico García Lorca, en su primera edición.

    Ángel González falleció en Madrid el 12 de enero de 2008.


    Datos biográficos extraídos de: http://www.plusesmas.com/nostalgia/biografias/angel_gonzalez/



    ****************​

    A MANO AMADA


    A mano amada,
    cuando la noche impone su costumbre de insomnio
    y convierte
    cada minuto en el aniversario
    de todos los sucesos de una vida;

    allí,
    en la esquina más negra del desamparo, donde
    el nunca y el ayer trazan su cruz de sombras,

    los recuerdos me asaltan.

    Unos empuñan tu mirada verde,
    otros
    apoyan en mi espalda
    el alma blanca de un lejano sueño,
    y con voz inaudible,
    con implacables labios silenciosos,
    ¡el olvido o la vida!,
    me reclaman.

    Reconozco los rostros.
    No hurto el cuerpo.

    Cierro los ojos para ver
    y siento
    que me apuñalan fría,
    justamente,
    con ese hierro viejo:
    la memoria.


    ***************​


    YA NADA AHORA


    Largo es el arte; la vida en cambio corta
    como un cuchillo
    Pero nada ya ahora

    —ni siquiera la muerte, por su parte
    inmensa—

    podrá evitarlo:
    exento, libre,

    como la niebla que al romper el día
    los hondos valles del invierno exhalan,

    creciente en un espacio sin fronteras,

    este amor ya sin mí te amará siempre.


    ***************​

    PALABRA MUERTA, REALIDAD PERDIDA


    Mi memoria conserva apenas solo
    el eco vacilante de su alta melodía:
    lamento de metal, rumor de alambre,
    voz de junco, también
    latido, vena.
    Recuerdo claramente su erre temblorosa,
    su estremecida erre suspendida
    sobre un abismo de silencio y ámbar,
    desprendiéndose casi
    de la música oscura que por detrás la asía,
    defendiéndose apenas
    del cálido misterio que la alzaba en el aire
    creando un solo cuerpo de luz y de belleza.
    Luminosa y precisa,
    yo la sentía en mi ser profundamente,
    sabía su sentido,
    descifraba sin llanto su mensaje,
    porque acaso ella fuese
    —o sin acaso: cierto—
    la única palabra irrefrenable
    que mi sangre entendía y pronunciaba:
    una palabra para estar seguro,
    talismán infalible
    significando aquello que nombraba.
    Como un perfume que lo explica todo,
    como una luz inesperada,
    su presencia de viento y melodía
    hería los sentidos, golpeaba
    el corazón,
    estremecía la carne
    con el presentimiento verdadero
    de la honda realidad que descubría.
    Pronunciarla despacio equivalía
    a ver, a amar, a acariciar un cuerpo,
    a oler el mar, a oír la primavera,
    a morder una fruta de piel dulce.
    Todo ocurría así, hasta que un día
    la dije bien, y no entendí su cántico.
    La grité clara, la repetí dura,
    y esperé avidamente,
    y percibí, lejano,
    un eco inexplicable, infiel
    reflejo
    que en vez de iluminar, oscurecía,
    que en vez de revelar, cubrió de tierra
    la imprecisa nostalgia de su antiguo mensaje.
    Cuando un nombre no nombra, y se vacía,
    desvanece también, destruye, mata
    la realidad que intenta su designio.


    ***************​



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    #1

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