El ángel robó cuerpo de joven,
lúcida, locuela y paño de brillo
líquido caminante por caminos sin frío.
Un ángel ¡el ángel! robó ese cuerpo de roble.
Cántico suyo fue el soneto, el molde,
ese molde del que nació el colorido
ramo, con su nítida voz de lirio
oscuro, que sus cantos plasmaron uniforme.
Esa forma de diosa que acomete
sobre mis párpados, mis labios. Mi todo
fue nada tras su cálido paso,
amenazando la insistencia de mis dientes,
rayos del temor por el final falso
oculto en los sueños y delirios de un loco.
Última edición: