Chrix
Poeta que considera el portal su segunda casa
Alas nocturnas tiranizando lúgubres penumbras
En vuelo rasante la mirada gélida, el iris despojado
Mece la silla con manos frías rayando pálidas figuras,
En las paredes atónitas ojos de moho condenados,
Tu anémico grito acompañó el chillido de uñas ajadas,
Cortando las cadenas de silencio, ángel palideciendo,
Velo rasgando la transparencia de la carne remendada,
Ahogando la luz de las velas con el halito desfalleciendo,
Fuego en tus ojos vistiendo los vestigios del infierno,
Sangra las sombras vacías con tu alado vuelo siniestro,
Erguido el corcel negro toca el piano en el aire yermo,
Boca de fuego y espada el hado de muerte es diestro.
Ponte la demudada galera sangra tus labios demacrados,
Clávate el crucifijo sobre el cuero, empuña tu sangre fría,
Que la luna te busca para timar el aura de tus ojos lacrados
Condenándote al descenso hacia el abismo de tus días.