Ángel

Marla

Poeta fiel al portal
Te hablé de la palabra, Ángel,
de su ambigüedad oceánica,
de las aves espectrales que picotean
su alma
quebradiza. Te dije, -no la temas:
recuéstate en su vientre y escúchame,
escucha
cómo hierve la espuma
de los verbos,
cómo el temblor se amansa
y su fétido almíbar embriaga
de delirio
la cordura-.

Pero no quisiste mirar.
No me escuchaste.

Ella es luz, es pasión – te repetía-
mientras tú, incrédulo, reinventabas
el mundo para mí
con tu risa.

La palabra
no sabe mentir, Ángel,
es un niño
que desea echar a andar,
hablarte;
mírame, escucha,
siente...

Sin embargo,
cuando duele la necropsia
del fracaso, o un un eco
marchito
roe hiere la calma
y sangra
el olvido,
en la hora en que los pseudoprofetas
golpean las compuertas
del abismo
con manos turbias y labios
disidentes
y macilentas sombras
desorbitan la noche,
me aferro a la raíz
de tu silencio blanco;
tu cálido, carnal,
puro,
tangible,
desespinado
silencio.








 
Última edición:
Te hablé de la palabra, Ángel,
de su ambigüedad oceánica,
de las aves espectrales que picotean
su alma
quebradiza. Te dije, -no la temas:
recuéstate en su vientre y escúchame,
escucha
cómo hierve la espuma
de los verbos,
cómo el temblor se amansa
y su fétido almíbar embriaga
de delirio
la cordura-.

Pero no quisiste mirar.
No me escuchaste.

Ella es luz, es pasión – te repetía-
mientras tú, incrédulo, reinventabas
el mundo para mí
con tu risa.

La palabra
no sabe mentir, Ángel,
es un niño
que desea echar a andar,
hablarte;
mírame, escucha,
siente...

Sin embargo,
cuando duele la necropsia
del fracaso, o un un eco
marchito
roe hiere la calma
y sangra
el olvido,
en la hora en que los pseudoprofetas
golpean las compuertas
del abismo
con manos turbias y labios
disidentes
y macilentas sombras
desorbitan la noche,
me aferro a la raíz
de tu silencio blanco;
tu cálido, carnal,
puro,
tangible,
desespinado
silencio.







Lo leí en Facebook y lo vuelvo a leer aquí porque es una poesía adornada con bellas imágenes que hay que disfrutar muchas veces. Un gran abrazo.
 
Te hablé de la palabra, Ángel,
de su ambigüedad oceánica,
de las aves espectrales que picotean
su alma
quebradiza. Te dije, -no la temas:
recuéstate en su vientre y escúchame,
escucha
cómo hierve la espuma
de los verbos,
cómo el temblor se amansa
y su fétido almíbar embriaga
de delirio
la cordura-.

Pero no quisiste mirar.
No me escuchaste.

Ella es luz, es pasión – te repetía-
mientras tú, incrédulo, reinventabas
el mundo para mí
con tu risa.

La palabra
no sabe mentir, Ángel,
es un niño
que desea echar a andar,
hablarte;
mírame, escucha,
siente...

Sin embargo,
cuando duele la necropsia
del fracaso, o un un eco
marchito
roe hiere la calma
y sangra
el olvido,
en la hora en que los pseudoprofetas
golpean las compuertas
del abismo
con manos turbias y labios
disidentes
y macilentas sombras
desorbitan la noche,
me aferro a la raíz
de tu silencio blanco;
tu cálido, carnal,
puro,
tangible,
desespinado
silencio.







Muy bello, me ha gustado mucho, sensibilidad y talento al servicio de tus hermosos versos amiga María. Abrazote vuela. Paco.
 
Versos muy hermosos y de una enorme sensibilidad, Rosa. Excelente poema, querida amiga. Mis sinceras felicitaciones y un gran abrazo.
 
Te hablé de la palabra, Ángel,
de su ambigüedad oceánica,
de las aves espectrales que picotean
su alma
quebradiza. Te dije, -no la temas:
recuéstate en su vientre y escúchame,
escucha
cómo hierve la espuma
de los verbos,
cómo el temblor se amansa
y su fétido almíbar embriaga
de delirio
la cordura-.

Pero no quisiste mirar.
No me escuchaste.

Ella es luz, es pasión – te repetía-
mientras tú, incrédulo, reinventabas
el mundo para mí
con tu risa.

La palabra
no sabe mentir, Ángel,
es un niño
que desea echar a andar,
hablarte;
mírame, escucha,
siente...

Sin embargo,
cuando duele la necropsia
del fracaso, o un un eco
marchito
roe hiere la calma
y sangra
el olvido,
en la hora en que los pseudoprofetas
golpean las compuertas
del abismo
con manos turbias y labios
disidentes
y macilentas sombras
desorbitan la noche,
me aferro a la raíz
de tu silencio blanco;
tu cálido, carnal,
puro,
tangible,
desespinado
silencio.









Hasta el reproche sabe dulce cuando se describe como tú lo haces. Felicidades amiga.

Un abrazo,

Palmira
 
Muchas gracias a todos los que habéis dejado vuestra hermosa huella. Me alegra de verdad que os haya gustado el poema.

Abrazos.
 
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