yomboki
Poeta que considera el portal su segunda casa
Si al volver la luz adviertes un verso haciendo guardia cada noche
y tus silencios juguetones se ven interrumpidos por una voz
que exprime mandarinas por tu distancia;
no dejes caer la lluvia ni caves barrancas de nieve a mis acosos,
no bajes las cortinas de tus pestañas a la sombra de mis espejos,
no calles la risa, no duermas la palabra, no castigues necedades.
Si al alzar la vista reconoces una huella de nubes siguiéndote los pasos
y en la punta de tus dedos una nota de calor,
si al cerrar el día, al momento mínimo cuando abres los sueños,
persiste el peine de mis letras enredado en tu cabello y tu control;
es que tanto silencio me quema y necesito el fresco de tu garganta,
una oleada de saliva viajando por el teléfono hasta mi ansiedad.
Si al inventar las sombras arabescos por tu frente pones en tu hombro izquierdo
el farol de tu mirada,
si al hilvanar auroras sobran las horas que maquillan tu frescura,
y la piel de tu espalda se sacude en mis ausencias,
descubrirás el anhelo que te guardo en cada tarde:
ser tu constante, tu mejilla, tu sustancia,
tu cepillo de dientes por un día.
El paréntesis de tu foto revela
que hay ángeles lúdicos encendiéndose en el navío de tu mirada.
.
y tus silencios juguetones se ven interrumpidos por una voz
que exprime mandarinas por tu distancia;
no dejes caer la lluvia ni caves barrancas de nieve a mis acosos,
no bajes las cortinas de tus pestañas a la sombra de mis espejos,
no calles la risa, no duermas la palabra, no castigues necedades.
Si al alzar la vista reconoces una huella de nubes siguiéndote los pasos
y en la punta de tus dedos una nota de calor,
si al cerrar el día, al momento mínimo cuando abres los sueños,
persiste el peine de mis letras enredado en tu cabello y tu control;
es que tanto silencio me quema y necesito el fresco de tu garganta,
una oleada de saliva viajando por el teléfono hasta mi ansiedad.
Si al inventar las sombras arabescos por tu frente pones en tu hombro izquierdo
el farol de tu mirada,
si al hilvanar auroras sobran las horas que maquillan tu frescura,
y la piel de tu espalda se sacude en mis ausencias,
descubrirás el anhelo que te guardo en cada tarde:
ser tu constante, tu mejilla, tu sustancia,
tu cepillo de dientes por un día.
El paréntesis de tu foto revela
que hay ángeles lúdicos encendiéndose en el navío de tu mirada.
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