Raúl Donoso P.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Serafines y Querubines juguetean entre las nubes
y acá abajo un corazón grita desesperado,
dan saltos, se persiguen y ríen,
mientras taciturno mis manos se hunden en mi rostro
tratando agobiado la llave del oxigeno abrir,
pues respirar ya se ha vuelto un antojo.
y acá abajo un corazón grita desesperado,
dan saltos, se persiguen y ríen,
mientras taciturno mis manos se hunden en mi rostro
tratando agobiado la llave del oxigeno abrir,
pues respirar ya se ha vuelto un antojo.
Arcángeles preparan sus huestes
para colmar el cielo de estrellas,
abajo enreda sus pasos un corazón extraviado,
sacan lustro a sus alas y su piel del alba,
mientras a tientas camino.., más bien hosco ,
tropezando el cansancio de mis músculos durmientes.
para colmar el cielo de estrellas,
abajo enreda sus pasos un corazón extraviado,
sacan lustro a sus alas y su piel del alba,
mientras a tientas camino.., más bien hosco ,
tropezando el cansancio de mis músculos durmientes.
Ángeles azuzaban a cupido,
quien debía atinar certero con su flechazo,
medio a medio en éste corazón pasmado,
hasta hoy chorreando dolida sangre
y ahogando cansancio apolillado.
quien debía atinar certero con su flechazo,
medio a medio en éste corazón pasmado,
hasta hoy chorreando dolida sangre
y ahogando cansancio apolillado.
Querubines y Serafines danzan y sueñan
con arreboles y liras entre sus soles
acá en donde vivo yo,
los cardos cubren las calles de mármol
removiendo la costra dura de mis rodillas,
haciendo pesado e inútil mi avanzar deteriorado.
con arreboles y liras entre sus soles
acá en donde vivo yo,
los cardos cubren las calles de mármol
removiendo la costra dura de mis rodillas,
haciendo pesado e inútil mi avanzar deteriorado.
Apenas tan solo acá trato de caminar,
aun llevando la herida desgarrada,
por una daga que cupido equivoco en dar
y que Ángeles y Querubines insistían,
en celebrar con rondas y un destello en la oscuridad.
aun llevando la herida desgarrada,
por una daga que cupido equivoco en dar
y que Ángeles y Querubines insistían,
en celebrar con rondas y un destello en la oscuridad.