Cuando vengas, talvéz habré muerto;
quizá, no reconoceré la forma a la que amé
tanto con los sonidos del viento;
o talvéz me hablarás y no querré hablarte,
porque las palabras para ti, todas murieron;
finaron todas en tu larga espera.
Cuando vengas, estarás vestida con otra esencia,
con otros pensamientos, talvéz con otra mirada;
y aún cuando te vea marcada por el tiempo;
sabré que exististe en mi mundo socegado,
sabré que en sueños inusitados me visitabas,
y extenderé mi viejo pensamiento en el cual sentí tu gloria.
No lo sé, talvéz te encuentre un día inesperado;
un día en que el sol marchará poco a poco hacia la sombra;
sí, tengo esa esperanza dormida en mi pecho,
con los recuerdos de los abrazos entregados,
de las caricias constantes, de los besos interminables;
talvéz, me regales un abrazo o una sonrisa tibia,
y sabré que tu mundo tuvo lugar para mí.
Espero el momento, en silensio, o talvéz no lo espero;
tu vida es otra como un astro, como un mundo;
pero los recuerdos solo la muerte los mata,
las sensaciones solo se van cuando el cuerpo muere;
pero todos estos días te recuerdan en soplos de brisa,
todas mis horas construyen tu presencia, tu cara;
talvéz, cuando vengas, podré abrazarte porque aún existiré.
Autor: Lissandro C. Ortíz
quizá, no reconoceré la forma a la que amé
tanto con los sonidos del viento;
o talvéz me hablarás y no querré hablarte,
porque las palabras para ti, todas murieron;
finaron todas en tu larga espera.
Cuando vengas, estarás vestida con otra esencia,
con otros pensamientos, talvéz con otra mirada;
y aún cuando te vea marcada por el tiempo;
sabré que exististe en mi mundo socegado,
sabré que en sueños inusitados me visitabas,
y extenderé mi viejo pensamiento en el cual sentí tu gloria.
No lo sé, talvéz te encuentre un día inesperado;
un día en que el sol marchará poco a poco hacia la sombra;
sí, tengo esa esperanza dormida en mi pecho,
con los recuerdos de los abrazos entregados,
de las caricias constantes, de los besos interminables;
talvéz, me regales un abrazo o una sonrisa tibia,
y sabré que tu mundo tuvo lugar para mí.
Espero el momento, en silensio, o talvéz no lo espero;
tu vida es otra como un astro, como un mundo;
pero los recuerdos solo la muerte los mata,
las sensaciones solo se van cuando el cuerpo muere;
pero todos estos días te recuerdan en soplos de brisa,
todas mis horas construyen tu presencia, tu cara;
talvéz, cuando vengas, podré abrazarte porque aún existiré.
Autor: Lissandro C. Ortíz