Emmanuel Delawer
Poeta fiel al portal
No volverás, lo he comprendido
fue difícil superarlo
aún guardo tus recuerdos,
sin ti estoy muriendo por dentro,
la luna lo sedujo
a mirar la vieja foto.
la recuerdo aún
pero son sueños rotos.
Una lágrima florecía
como la primera flor que le regalo
una sonrisa ausente de dolor,
no termina de complacerlo,
sujetó lo que le quedaba de amor,
no comprendió su pensamiento,
imagino tenerla dentro
acariciándose a así mismo
desnudando su piel,
la miel en su boca se seco,
pero su sentimiento
a él permanecía fiel,
rogó soñarla una vez más
ella también lo amaría así quizás,
sujetaría también su fotografía,
rogaría por un encuentro cercano,
seguía siendo como imaginaba,
un susurro lo despertaba en un sueño
que le estaba soñando,
era otra vez esa, su voz,
cuanto amor, que dolor,
su unión era sincera,
cobarde es la distancia
por triste que pareciera.
Inquieto golpeo su cama,
en la que a ella acariciaba,
su sufrimiento irradiaba la pena,
la pena de quererla y no tenerla,
de desear su cuerpo y tener miedo,
por las siguientes noches frías,
ya no seria calor en invierno,
o frío en verano,
el cielo rebozaba de ausencia,
su insensatez era irreducible,
su seducción más carnal
no tenerla era o temible,
la muerte que ansiaba el mal,
sobre las olas miraba el horizonte,
el que nunca vivió con ella,
por estar siempre amándole
gritaba al unísono,
quebrantando su propia voz,
era el alma sin el alma gemela,
era un dios ateo a su dios,
sintió su mano acariciándole
pero, era solo el viento
trémula de tiempo,
era la emoción que sintió,
un castigo constante,
cuanto duele el amor,
cuando no esta acariciándote,
cundo no te evita el dolor,
y tú sigues aun amándole.
Se lanzo a vacío
pero, fingió no caer
volaba con ella
la sentía en su piel,
penetraba en el agua
la que calmaba su ira,
la culpa no era suya,
pero por ella sucumbía,
sintió una paz serena
a sin pensamiento,
el fuego ya no era verso,
y la unión más olvido,
la nada no lo salvaría
solo existimos en lo etéreo,
el eterno mundo que solo ansia,
que encontramos en o que perdemos
y otra iluminada luz nacía,
en el ensueño de poseerla,
era mas divina que un orgasmo
era la adoración a su existencia,
cuanto más plácido miraba
su amor más la enternecía,
ya no más dolores hirientes,
ya no más penas humedecidas
solo un beso y un corazón,
un amor que renacía,
con la pasión como clemencia
Amarla, la razón de su vida.