Isidro Dichter
Poeta recién llegado
Me viste y te fuiste de improviso y tan de pronto;
pez que te burlaste de mi anzuelo orgulloso,
dejando una estela de lacrimosas pleamares
que anegaban mis manos vacías y frustradas.
Huertos desolados me has dado en primavera,
mi cosecha agostada por tus ojos celestes;
y me has recordado hoy con sinceridad cruel
que más no soy que quien soy en realidad,
que ante ti soy un homúnculo, una mera sombra,
y que lo mío es el sueño, la ilusión, no la vivencia;
que un regalo tan hermoso como lo eres tú
es un cometa en mi cielo, imposible de alcanzar;
una rara flor alpina en mis altas lejanías,
algo bello, para adorar, atesorar y no tocar.
Eres sol crepuscular que torpemente aja mi mano
al buscarte entre las aguas luminosas de un lago,
eres eso y tanto más, y yo soy yo, y nada más,
y me mata la verdad de este jerárquico destino.
Me has cruzado tan de pronto por el camino
que no tuve tiempo de tallarte para mí;
tu perfección orgullosa me llenó de pánico,
y mi corazón, hecho vulgo incrédulo,
no ha sabido comprenderte y te resiente,
mis ojos todavía te culpan, deslumbrados por ti.
Has llegado tan de pronto que no advertí
el robo descarado que hacías en mis adentros,
haciendo estragos en mis ciudades y mis templos
y demostrándome que el único gran fracaso
que he vivido en tanta vida y tantos años
ha sido dejar que pasaras de largo.
pez que te burlaste de mi anzuelo orgulloso,
dejando una estela de lacrimosas pleamares
que anegaban mis manos vacías y frustradas.
Huertos desolados me has dado en primavera,
mi cosecha agostada por tus ojos celestes;
y me has recordado hoy con sinceridad cruel
que más no soy que quien soy en realidad,
que ante ti soy un homúnculo, una mera sombra,
y que lo mío es el sueño, la ilusión, no la vivencia;
que un regalo tan hermoso como lo eres tú
es un cometa en mi cielo, imposible de alcanzar;
una rara flor alpina en mis altas lejanías,
algo bello, para adorar, atesorar y no tocar.
Eres sol crepuscular que torpemente aja mi mano
al buscarte entre las aguas luminosas de un lago,
eres eso y tanto más, y yo soy yo, y nada más,
y me mata la verdad de este jerárquico destino.
Me has cruzado tan de pronto por el camino
que no tuve tiempo de tallarte para mí;
tu perfección orgullosa me llenó de pánico,
y mi corazón, hecho vulgo incrédulo,
no ha sabido comprenderte y te resiente,
mis ojos todavía te culpan, deslumbrados por ti.
Has llegado tan de pronto que no advertí
el robo descarado que hacías en mis adentros,
haciendo estragos en mis ciudades y mis templos
y demostrándome que el único gran fracaso
que he vivido en tanta vida y tantos años
ha sido dejar que pasaras de largo.
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